De nuevo tenemos la oportunidad de ponernos al frente de nuestra horda de abnegados esbirros para convertir el mundo en un lugar frío, oscuro y cruel, donde el mal triunfa y nosotros somos la encarnación del mal definitivo. El Overlord ha vuelto y esta vez lo hace con más fuerza y maldad.
Mala hierba nunca muere
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Una visita a las madrigueras siempre alegra a nuestros esbirros
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Tras la desaparición del anterior Overlord y el colapso de su torre e imperio del mal, los esbirros se mudan al Averno y comienzan la busqueda de un nuevo amo. Algún tiempo después, un niño brujo en la ciudad de Glacialia resulta ser el candidato perfecto para tomar el manto de Overlord, aplastar al Imperio Glorioso y su persecución de seres mágicos y, finalmente, hacerse con el control del mundo. Todo ello sazonado con el rastreo de esbirros perdidos, busqueda de nuevos aliados y, cómo no, de una compañera con la que pasar las torridas noches en el Averno.
Jugabilidad
Overlord resultó ser una experiencia ciertamente innovadora en el aspecto de que nos ponía en la piel de una especie de Sauron y nos proponía algo muy distinto a la tónica habitual en las tramas videojueguiles: subyugar el mundo, aplastar valores como la paz, la bondad o la justicia y hacer que el mal triunfe. Sin embargo, una de las principales críticas que se le hacía es que era muy políticamente correcto, demasiado blando.
Por ello, la gente de Triumph Studios ha decidido no cortarse ni un pelo en Overlord 2 y se atreve con todo. Que cada año se critica la matanza de focas por su piel; pues en Overlord 2 nos armamos con buenos palos y las masacramos para conseguir ánimas. Que la filosofía hippie de “paz, amor y buen rollo”, sazonada con toques rastafari, sería el ideal que perseguir en nuestra actual sociedad; llamemos a unos cuantos de nuestros esbirros y machaquemos a esos pacifistas en sus propias comunas. Que el calentamiento global afecta al clima y al nivel del mar; quememos un gigantesco pozo de alquitrán para derretir el hielo. Que un imperio fascistoide que busca el genocidio de los seres mágicos se cruza en nuestro camino; calcémonos la bota de patear traseros y aplastemos sus aspiraciones malvadas (para malos, malos, ya estamos nosotros). Que todas esas criaturas como hadas, gnomos, elfos, ninfas y unicornios son el epítome de la bondad en los relatos fantásticos; pues los esclavizamos, matamos o torturamos a partes iguales. Y así, la lista podría seguir un rato.
Pero para cumplir con tantas y tan arduas tareas, nuestro Overlord volverá a necesitar de la inestimable ayuda de sus esbirros. Estos simpáticos, alocados y entrañables diablillos repiten aparición y se presentan en las cuatro formas ya conocidas de la entrega anterior. Primero tendremos a los parduzcos; el tipo básico de esbirro, son los más resistentes y aptos para el combate cuerpo a cuerpo, por no mencionar que, en esta segunda entrega, podrán montar a lomos de lobos para actuar como una caballería de carga, con la que romper hasta la más apretada formación de legionarios imperiales. También contaremos con los bermejos; son el equivalente a arqueros, débiles en cuerpo a cuerpo pero con un ataque flamígero que incendia a los enemigos... y son inmunes a esos dichosos obstáculos de fuego que nos encontraremos durante las exploraciones, además de montar en salamandras, con las que pueden rodar alrededor del enemigo mientras le disparan. Los viridios son el equivalentes a asesinos; no son muy duchos en el cuerpo a cuerpo, pero si sorprenden a un enemigo por la espalda... Pueden hacerse invisibles mientras están quietos o en guardía, además de ser inmunes a los vapores venenosos y montar arañas, con las que pueden moverse por las paredes adecuadas. Por último, los zarcos serán nuestros especialistas acuáticos; son los más débiles, pero su gran poder mágico les permite resucitar a otros esbirros, volverse invisibles cuando les arrastramos o lidiar con obstáculos como el fango mágico.
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Nuestro bufón agradecerá esta pequeña orquesta cantando nuestros logros
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Así, con el uso del tipo adecuado de esbirro, nos abriremos paso a través de los obstáculos que, a modo de puzzles, aparecerán en nuestro camino durante las misiones o mientras exploramos las distintas regiones para descubrir zonas secretas. En dichas zonas normalmente podemos encontrar piedras de conjuro (que permiten aprender nuevos hechizos), catalizadores mágicos (con los que subir el nivel de potencia de nuestros hechizos) o mejoras que afectarán a la salud del Overlord, a su maná o a su capacidad de mando de esbirros. Aparte de eso, al destruir objetos del escenario, también se encuentran ánimas, piezas de equipo con las vestir a nuestros esbirros y aumentar su fuerza, oro y piedras mágicas. Las animas, el oro y las piedras mágicas serán indispensables para garantizar nuestro progreso, pues de ellas dependerán el número de esbirros que podamos generar o resucitar (cuanto más nivel tenga un esbirro, mayor será el gasto en ánimas de ese tipo, donde las ánimas representan a esbirros de nivel 1), las mejoras para nuestro castillo o criaderos que comprar y los objetos (armadura, yelmo y arma) que podemos forjar para equipar al Overlord y hacerle más fuerte y resistente.
Todo ello irá acompañado de situaciones cómicas, como ya ocurría en el anterior título, con algún guiño ocasional a películas o a otros juegos, como, por ejemplo, en una ocasión, tras poseer a un esbirro y liderar a un grupo de estos vestidos de legionarios, oirles silbar la melodía que popularizaron los prisioneros ingleses de “El puente sobre el rio Kwai”. De este modo, algo tan serio y cuestionable como realizar actos malvados se convierte en algo frívolo y divertido.
Tampoco iba a faltar el capturar y dominar ciudades. Cuando esto ocurra, tendremos dos alternativas: matar a sus habitantes o esclavizarles. Matarles es la vía rápida para conseguir a corto plazo ánimas y dinero, aunque si optamos por esclavizarles, nos reportarán beneficios a largo plazo, como mano de obra en canteras (lo que supondrá beneficios monetarios adicionales a los que produce la ciudad) o herrerias (equipo para nuestros esbirros) e, incluso, como “tenderos”, produciendo una variedad de objetos, desde equipo para esbirros hasta ánimas, pasando por alcohol (con el que emborrachar a nuestros pequeños secuaces y hacerles más fuertes) y más dinero. Esta decisión también afectará al tipo de tiranía de nuestro Overlord, determinando si es un destructor o un dominador, lo que afecta indirectamente a sus hechizos. |