Si os gusta la mezcla entre rol y estrategia por turnos, es probable que os suene el nombre de Disciples, una saga nacida a finales de los 90 pero que no fue, hasta 2002 con su segunda entrega, cuando se hizo con un nombre de cierto respecto en este particular género. Ocho años después y tras un larguísimo desarrollo (se anunció oficialmente en verano de 2005), ya tenemos en nuestras manos su tercera entrega, que responde al nombre de Disciples III: Renaissance. Así que, agarraros fuerte porque la guerra regresa una vez más a las tierras de Nevendaar.
Humanos, elfos y demonios, en guerra
Una ambientación fantástico-medieval, combates por turnos, mejora de personajes, un castillo que podremos ir mejorando, toques de rol, etc. Lo cierto es que un primer vistazo a Disciples III: Renaissance deja entrever que nos encontramos ante una alternativa a sagas como Heroes of Might & Magic o incluso a King's Bounty. Estáis en lo cierto, pero el título que hoy analizamos, como ya iremos explicando a lo largo del artículo, se diferencia de estas dos sagas en bastantes aspectos, sobre todo al querer alejarse de grandes complejidades e intentar ofrecer una mecánica rápida y centrada principalmente en el combate.
Pero empecemos por el principio, por la trama argumental que se nos propone. Al igual que en sus predecesores, Disciples III nos lleva al mundo fantástico de Nevendaar, un mundo con eternas guerras y conflictos entre las distintas facciones que lo pueblan, pero que en estos momentos se encuentra disfrutando de una época de paz, pero una paz frágil y con atisbos de poder romperse en cualquier momento. Esta situación cambiará cuando en los confines del mundo conocido cae una estrella, un ángel caído al que irán en su búsqueda humanos, demonios y elfos, las tres razas que aquí nos encontraremos, cada una con sus propias razones e intereses. De este punto arrancará un modo campaña, que a su vez se dividirá en tres partes (más un nivel de tutorial), cada una de ellas con una de las tres razas como protagonista.
Como podéis intuir por el párrafo anterior, la trama argumental no destaca precisamente por su originalidad, con las clásicas luchas entre distintas facciones mutuamente enfrentadas, pero al menos sí resulta interesante ver el distinto enfoque de las tres facciones en cada una de las partes de la campaña, y cómo cada una intentará alcanzar su objetivo particular. Le podemos achacar falta de sorpresas o de algún momento épico, pero entretiene lo suficiente como para invitarnos a continuar jugando.
Cada parte de campaña estará compuesta por 6 misiones, lo que contando el tutorial hacen un total de 19 misiones. Superar cada una os llevará su tiempo, por lo que terminar el juego de principio a fin os podrá llevar las 40 o 50 horas tranquilamente, así que por duración podéis estar tranquilos, tenéis juego para rato.
Jugabilidad
Al igual que otros juegos del mismo género, podemos dividir Disciples III en tres apartados fundamentales: exploración, combates y mejora de personajes y del castillo. Básicamente, nuestro papel en las distintas misiones será partir de una ciudad base e ir, turno a turno, explorando el mapa hasta llegar a un determinado punto y aniquilar a nuestro(s) enemigo(s). Los mapas estarán llenos de cosas, no daremos tres pasos sin encontrarnos con una fuente que nos restaura vida, con un pozo que nos dará más movimientos, con un cofre, con un enemigo, con alguien con quien hablar, con edificaciones que esconden tesoros y objetos..., siempre estaremos ocupados en hacer algo y no habrá turno sin hacer nada.
Otro detalle interesante que introduce Diciples III es que para hacernos con minas o con cualquier otra fuente de recursos, no tendremos que simplemente pasar por ellas, sino que tendremos que “conquistar” un Enclave que nos permitirá tener controlada la zona. Dicha zona irá aumentando con el paso de los turnos abarcando más y más espacio, y con ello, más minas y recursos. Estos Enclaves podremos defenderlos con una criatura, que frenará un poco el ataque del rival, lo que evita que con una simple unidad que se mueva bastante se pueda controlar los recursos del escenario.
 |
Para movernos por los distintos mapas contaremos con un héroe principal, que podrá ser guerrero (recupera algo de vida cada turno), archimago (puede realizar dos hechizos por turno) o mercader (30% adicional de los recursos que tengamos). Este héroe irá acompañado de un determinado número de tropas, pero también podremos “contratar” y controlar a otro par de héroes para ayudarnos en nuestra misión. Con ellos iremos explorando el escenario y librando combates (de los que hablaremos en profundidad un poco más adelante), los cuales nos permitirán ir aumentando el nivel y mejorando las características de nuestros héroes y tropas.
Es en este punto donde notamos la “simplificación” de Disciples III respecto a otros títulos del género que os comentamos antes, pues todo el tema de la evolución y mejora de héroes y tropas es bastante sencilla e, incluso, superficial. Por poner un ejemplo, a pesar de que nuestras tropas irán subiendo de nivel, lo harán de forma automática, sólo podremos personalizar a nuestros héroes, tanto a través de una serie de características básicas (fuerza, destreza, inteligencia...), con objetos a equipar o a través de un árbol de habilidades.
Además de la subida de niveles, la otra forma de mejorar héroes y tropas será con el Castillo, desde el cual podremos ir construyendo una serie de edificaciones que nos permitirán especializar a nuestras unidades, curarlas o aprender hechizos. Pero como ya hemos dicho, todo se realiza de una forma bastante básica, pues si bien se nos permitirá elegir la especialización de nuestras unidades, la cantidad y tipo de construcciones será bastante reducida en cualquiera de las tres facciones.
Llegamos ahora al último gran elemento de Disciples III: Los combates. Dicho aspecto es sin duda el más importante del juego, pues la cantidad de combates que tendremos que librar será realmente elevada y raro será el turno en el que no haya algún tipo de enfrentamiento. Los combates se disputan en un clásico tablero dividido en hexágonos en el que iremos moviendo nuestras unidades según les vaya llegando el turno y, si podemos, atacaremos a nuestros contrincantes. |