¿A qué juega Ubisoft? Cual Espada de Damocles esta pregunta está constantemente acechando mientras te adentras en las profundidades de Assassin’s Creed: Revelations, una nueva iteración de la franquicia innecesaria en un gran número de puntos de vista y loable e imprescindible en otros muchos menos. Toda la creciente evolución que había sufrido la franquicia a lo largo de estos años no sólo se para en seco en este Revelations, sino que además da un par de pasos atrás, confirmando que aunque haya estudios que puedan sacar un título por año, la cocción del estilo de juego de la saga de Ubisoft no está pensada para un lapso de tiempo tan corto. Al menos en esta ocasión los jugadores de PC no han de esperar varios meses, sino sólo unos pocos días para verlo en su plataforma.
Revelaciones para unos pocos, los demás se quedarán igual
Empieza el juego y aparecen en pantalla Ubisoft Montreal, Ubisoft Annecy, Ubisoft Quebec, Ubisoft Singapore y Ubisoft Bucharest. En vez de estudios de desarrollo llegan a ser organismos culturales españoles y estaríamos ante el último éxito del cine español. No sorprende, aunque parezca lo contrario, ver a tantos equipos implicados pues deben haber puesto a crear contenido para el juego hasta a los señores/as de la limpieza que cuiden las instalaciones de Ubisoft. La premisa es simple: Assassin’s Creed no es un concepto de juego pensado e ideado para una iteración anual. Su jugabilidad, su trama y su cómputo se resienten y eso es a grandes rasgos lo que ha ocurrido con esta última secuela.
Tremendamente conservador en lo jugable las pocas novedades pasarían perfectamente como añadido de un contenido descargable y las más relevantes, para colmo, no sólo pasan un tanto desapercibidas sino que además el título se entretiene en explicarlas. Un inicio tedioso y largo que parece pensado para alguien que jamás haya tocado un Assassin’s Creed. Por si fuera poco hay detalles en la producción, por ejemplo en el doblaje o en la acumulación de los errores de siempre en el combate, que dan a entender que muchos usuarios habituales percibirán el tropezón de Ubisoft y puede que incluso no lleguen al final del juego.
Este detalle es el más contradictorio, pues si hay un Assassin’s Creed que merece ser jugado hasta el final es precisamente por lo que cuenta (no cómo lo cuenta). Se mantiene la dinámica de títulos anteriores en el que durante horas no pasa absolutamente nada y de repente te narran numerosos detalles interesantes y de calado. El protagonista de esta aventura no es ni Ezio Auditore, ni Altair, si no el hasta ahora gris Desmond Miles. Sin caer en spoilers su cerebro está tan machacadísimo de tanto viaje y reencarnarse en los dos protagonistas que ya no distingue pasado de realidad. Su cuerpo está al borde del colapso y su mente está atrapada en una versión “Safe Mode” del Animus. Es decir, se carga la física más básica y las simulaciones más simples para que Desmond pueda buscar recuerdos inacabados, cerrarlos y así romper las conexiones y liberarse.
¿Os acordáis del significado de la estación de metro del principio de Matrix: Revolutions? (si no lo recordáis lo entenderemos, pues es lo lógico) Neo está enchufado al aparato pero en un peculiar lugar del que ha de salir por todos los medios. Algo así le ocurre a Desmond, y para eso contará con la ayuda de otro individuo que mejor no desvelar. Con esta escusa nos pondremos en la piel de un algo achacoso Ezio y del gran Altair, encontrándonos personajes como el locuaz Yusuf Tazim o alguna que otra fémina con unas réplicas de carácter bastante trabajadas.
En sí, la ciudad de Constantinopla, conocida actualmente como Estambul, es sólo un pequeño escenario de una partida aún mayor. A Ubisoft se le estaba yendo de las manos tantas subtramas fuera y dentro de Animus y era obvio que las tenía que cerrar por algún lado. Lo ha llevado a cabo en Revelations y los fans de la saga agradecerán muchas respuestas, pero muchas de ellas hubieran merecido un mejor tratamiento y no el apresuramiento e inconexiones que nos encontramos vez tras vez. ¿Qué sentido tiene que Yusuf Tazim reciba a Ezio como su Mentor si luego el local asesino se pasa casi dos horas de juego explicándole como saltar, trepar, utilizar el gancho o asesinar a Templarios?
Jugabilidad
Resulta irónico, y hasta incoherente, decir que en el fondo Revelations es el Assassin’s Creed más completo hasta la fecha. La salvedad en esta afirmación es que pese a poseer los detalles de Altair, los de Ezio y algunas novedades, la jugabilidad se vertebra mal, se dilata en demasía y el resultado es que sabe a demasiado conocido e incluso a tedioso. Todo lo bueno de La Hermandad, toda la emoción que transmitían y el ímpetu de algunas misiones quedan absolutamente diluidos en una ciudad en la que somos visitantes y, por lo tanto, por mucho que se transmita esa sensación, nos implicamos en pocos detalles.
El combate se mantiene en los mismos cánones, se puede pasar todo el juego sin apenas pasar por la armería o cambiar de arma. Ezio se le nota algo más mayor y es lógico que se dé cierto empuje a las misiones de sigilo y a la estrategia antes que a las piruetas imposibles. Se añade como novedad el poder crear un gran arsenal de bombas, tanto las conocidas de humo como los novedosos petardos que no lesionan si no que distraen. A la hora de la verdad por muchas posibilidades de acción que tengamos el título no invita a casi ninguna de ellas, sólo obligando a ser utilizadas para conseguir completar según qué misiones secundarias.
De nuevo tendremos atalayas que escalar, un imperio inmobiliario que florecer (a través de la compra de armerías, bancos, etcétera) que nos aportará diferentes beneficios. Podremos comprar material que no utilizaremos, así como llevar a cabo misiones secundarias con menos variedad, emoción y número que la entrega anterior. Para colmo los eternos problemas de la inteligencia artificial vuelven a hacer acto de presencia, eso sí, al menos hay unos en concreto que debido a sus armas de fuego a gran distancia (francotiradores) nos pondrán las cosas algo más peliagudas, dándole algo de vidilla a algunos asesinatos. |