Cuerpo a la antigua, envoltorio de la vieja escuela. Nada en Twisted Metal, excepto la adaptación a las condiciones actuales de los multijugadores, deja entrever concesión alguna a las nuevas modas, los jugadores más acostumbrados a lo fácil o similitudes del estilo. Twisted Metal sigue siendo el macarra analógico, con su chupa de cuero, sus tatuajes, su moto y sus rutas por los bares de mala muerte. No necesita de GPS, ni se ha echado novia, simplemente ahora tiene un móvil – que tampoco es táctil – para llamar a los colegas. Tan simple, como directo.
Macarra a la antigua
David Jaffe es el hermano rebelde, occidental y no tan talentoso de Itagaki – padre de Dead or Alive y Ninja Gaiden –, no se caya una, es polémico a rabiar y cuenta en su haber con tanto odio como adoración. Es un Cliff Bleszinski más macarra, más deslenguado y asume el papel de desarrollador “estrella”, aunque muchos lo consideren más como un estrellado. Pero valoraciones subjetivas aparte, el tema es que hay que quitarse el sombrero porque el estudio Eat Sleep Play haya sido tan fiel a la saga, hasta el punto de grabar con actores reales unas cinemáticas tan surrealista, como absurdas y/o aburridas. Pero claro, mantenerse fiel a la franquicia implicaba eso.
Estamos ante una obra tan tosca, como nostálgica. Parece que estemos jugando a un Carmaggedon vitaminado, fusionado con Desctruction Derby y con el alma de los Twisted Metal de PSX. Diversión pura y dura, gore y sangre, heavy metal a toda pastilla, sierras y misiles por doquier y escenarios repletos de trampas y perrerías para todos los jugadores. Ser zafio y deslenguado, escupir en el bar de mala muerte y reventar con el palo de billar al que se ponga chulo. El envoltorio es lo de menos, lo que importa es la diversión directa – de ahí que el tutorial sea tan rápido y vaya con tanta agilidad a lo que toca –.
Es obvio que en la actualidad un juego como Twisted Metal parece atrapado en el tiempo. Es como si en la reunión de antiguos alumnos todos hubieran crecido, adaptado, madurado, evolucionado y, de repente, se presentara el heavy de la clase, con las mismas greñas, las mismas pintas, pero una barriga cervecera más amplia. Retener esa imagen porque es la mejor definición que podéis encontrar de esta obra. Lo fuerte, es que pese a llegar a la reunión de alumnos sin hijos, ni mujer, ni asentado económicamente ni nada, se convierte rápidamente en la particular alma de la fiesta: a unos les chirriará y a otros les divertirá. No hay término medio.
La época dorada de los juegos de conducción arcade pasó a la historia y actualmente es común ver como propuestas como Blur (un Mario Kart más adulto y realista) o Split/Second (una reinvención del concepto original de Burnout) se pegan la hostia padre en ventas. Pero avalados por Sony y como exclusivo de PlayStation 3, Eat Sleep Play ha querido apostar por una propuesta de acción a raudales, numerosos modos y escenarios, un gran arsenal de armas, una campaña-tutorial elaborada pero prescindible y un multijugador que, guste o no, tiene un aliciente muy favorable: os va a dar horas y horas de juego.
Síndrome Brink (el de Splash Damage)
En la época en el que parece que todos los juegos que antiguamente eran para un solo jugador han de abrazar un multijugador para dar más relleno, horas y justificación al precio, ocurre a la inversa en muchos títulos exclusivamente online. A Brink, el fantástico shooter de Splash Damage, lo entendieron muy mal algunos cuando se creyeron que era un juego “singleplayer” más “multiplayer”. Nada más lejos de la realidad, la campaña de Brink sólo era un macro tutorial – con historia y cinemáticas – para adaptarse al concepto de juego y los mapas. Pues bien, Twisted Metal repite el mismo patrón pero pasándose de la raya con el concepto de “campaña”.
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Doll Face, Mr. Grimm y Sweet Tooth son los protagonistas de la competición. Guerras y guerras, el “show must go on” de toda la vida. Todo, aderezado con unas cinemáticas de carne y hueso que no es que deambulen en una fina línea que separa la serie B, C o el tipo de serie que sea eso y lo casposo, sino que abrazan directamente una especie de surrealismo incomprensible que os dejará completamente atónitos. Aún nos estamos preguntando qué nos han querido contar y más aún el porqué de tanto presupuesto en unos vídeos que, gusten o no, tienen su valentía. Lo fácil hubiera sido pasar de todo, pero al menos, ya que están, seguro que a más de uno le arrancan una carcajada.
La campaña no es más que una serie de arenas, una tras otra, dividida en planteamientos que varían según el protagonista que hayamos escogido. Una campaña de todos contra todos en un escenario/arena en el que las superficies se levantan como a una altura de edificio, mientras el suelo se electrifica o se balancean grandes bolas de pinchos a nuestro alrededor. Otro mapeado de una ciudad en el que deberemos estar metidos en una especie de cubo holográfico, una pequeña zona de cuarentena, con todos nuestros enemigos si no queremos empezar a recibir daño (lo genial del asunto es que todas las armas e ítems están fuera de esa zona de cuarentena). No podemos dejar de citar a los fabulosos jefes finales, difíciles y muy bien pensados; uno de los grandes logros de todo este Twisted Metal.
Hay mucha variedad en la campaña, sí, pero es relativamente corta (poco más de cuatro horas). De todas formas, si conseguís completarla al menos hasta la mitad ya tendréis el entrenamiento suficiente para lo que de verdad importa: el multijugador. Nuestro vehículo está plagado de posibilidades y seguro que los desarrolladores han sudado tinta para meter tantísimas cosas en tan “pocos botones”. Acelerar con varios niveles de turbo, saltar, lanzar armas hacia atrás o hacia adelante, rotar sobre nuestro propio eje, derrapar, hacer localización de los enemigos automática o semi-manual, lanzar habilidades especiales o el arsenal... hay posibilidades para parar un tren.
Dentro de las posibilidades armamentísticas nos encontramos todo un plantel francamente atractivo aunque muy caótico. Hay tantos tipos de misiles (teledirigidos, de fuego, con recarga, triples) que a veces es difícil saber cuál es cuál. También dispondremos de minas, escudos, congeladores, imágenes y todo una serie de atributos que vendrán determinados por nuestro coche. Desde una gran sierra, a un imán que pegará al vehículo enemigo a nuestro capó, para posteriormente lanzarlo a varios metros de distancia. A medida que subamos de nivel y ganemos experiencia iremos desbloqueando más vehículos y, por supuesto, más armas especiales para los coches (que están determiandos por la rapidez, blindaje y fuerza de sus armas especiales). Los vehículos, además, pueden ser personalizados con diferentes diseños y posibilidades según el gusto del usuario.
Grandes deportivos tremendamente veloces pero con muy poca capacidad destructiva, tráilers lentos como una tortuga pero con un blindaje y capacidad de fuego encomiable, furgonetas reconvertidas en tanques, camiones de helados repletos de ametralladoras rotativas que se convierten en robot... si hasta hay un helicóptero. Se nota que se ha querido dar el máximo de posibilidades y es algo de agradecer, puesto que en cada misión podremos escoger tres vehículos e intercambiarlos durante la partida desde el garaje. Esto se debe a que es bastante normal quedarnos sin vida, pues por defecto los demás son más duros que nosotros y tendremos que volver al garaje para cambiar de coche y seguir destrozando todo lo que se mueva a nuestro alrededor. |