Resulta curioso, cuando menos, tener que escribir unas líneas sobre Metal Gear Solid 10 años después de su lanzamiento. Este texto debería ser un análisis del juego, pero no os voy a engañar, a día de hoy es injusto valorar una obra como esta, inmortal e imperecedera; es injusto valorarla con los ojos de un jugador de 2010; por lo que no será ni un análisis, ni tendrá nota, ni nada de nada. Simplemente será un texto sobre Metal Gear Solid.
Regreso a Shadow Moses
Si algo ha hecho grande a la saga Metal Gear es su maravilloso argumento, cargado de simbolismo, de reflexiones filosóficas o de grandes mensajes antibelicistas y pacifistas. Pero, sin duda, destaca por contar con una trama llena de momentos épicos y de personajes memorables; no sólo tenemos a Solid Snake, un agente secreto del gobierno norteamericano, quien comienza siendo un mero peón y se destapa como pieza clave; sino también al elenco de secundarios… fea palabra para tamaños personajes. Secundarios profundos, con una personalidad muy marcada, ambiciosos por momentos, pero terriblemente humanos. Y es esta última característica la que hace que, a pesar de lo villanos, o malvados que sean, los respetes, los mires de tú a tú y puedas llegar a comprender sus motivos… incluso, no voy a engañaros, llegas a cogerles cariño, como es el caso de Sniper Wolf.
Argumentalmente el juego se sostiene por sí mismo, pero termina por convertirse en una maravilla cuando descubres el modo en el que te cuenta la historia.
Metal Gear Solid desvela su hilo argumental gracias al uso inteligente de las escenas cinemáticas, maravillosamente dirigidas, con pulso firme, regular y sabio. Haciendo uso de técnicas cinematográficas que encantarán a los más cinéfilos.
Las escenas de vídeo son largas, más de lo habitual en un videojuego… incluso en 2010. Pero su ausencia sería un castigo demasiado duro al argumento de Metal Gear Solid. El juego necesita de esas escenas cinemáticas, tanto como ellas necesitan al juego. Establecen una relación simbiótica necesaria; hay mucho que desgranar y con texto sería tedioso, mientras que el vídeo permite mostrar imágenes impactantes que en una descripción literaria perderían capacidad de impresión.
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La música es otro gran pilar del juego, la mayor parte del tiempo pasa desapercibida, menos cuando se desboca en los momentos de acción, provocando tensión en el jugador. Pero es en las escenas de vídeo donde saca todo su potencial. De hecho, hay escenas que yo no concebiría sin esa música. Es capaz de narrar cosas que el lenguaje cinematográfico y videojueguil no puede; no sólo ambienta y prepara el contexto de lo que vemos, sino que narra esas otras emociones y sensaciones que la palabra o la imagen no son capaces de hacer.
En cuanto a la palabra… ¿qué decir del que es considerado por muchos uno de los mejores doblajes de la historia? Tal vez es que lo miramos con otros ojos, o porque fue muy precoz en su momento, pero es un doblaje a la altura de grandes series y películas; con un Alfonso Vallés realizando uno de sus trabajos más redondos; y un elenco de actores de doblaje que se creen lo que dicen. Es una auténtica delicia escuchar el juego en castellano, ninguna voz desentona, ninguna voz sobreactúa, todo está perfectamente engranado.
Queda hablar del apartado jugable, pero no quiero extenderme demasiado, pues es de sobra conocido por todo el mundo, lo hayan jugado o no. En esta versión siguen las mismas virtudes y defectos que en el original, con buenas dosis de sigilo y “aventura”, acción trepidante, y una IA bastante irregular, aunque no sé si esto es más bien una crítica desde un punto de vista actual, siendo en aquella época el súmmum.
Conclusión
En fin queridos lectores, Metal Gear Solid es una obra imperfecta, pero eterna. Criticarla actualmente es un acto osado y poco meditado. Sería como analizar Casablanca, Ciudadano Kane o el Álbum Blanco de The Beatles. Si te consideras un amante de los videojuegos, debes tener Metal Gear Solid en tu juegoteca particular, y si no lo has jugado todavía, hazlo, te ofrecerá unas experiencias al alcance de pocos títulos.

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