“Los corruptos hablan, mientras los nuestros derraman la sangre”, cita una relevante voz de la saga Call of Duty antes, si quiera, de presionar el botón Start para iniciar la partida. Una frase aplicable a la situación actual, en la que banqueros de gran parte del mundo han sumido al planeta entero en una crisis mastodóntica, y aplicable a las decenas de guerras que ha vivido la humanidad: los políticos se sientan en sus tronas jugando a los barquitos, mientras los que se matan son los más pobres. Pero un hombre, un solo hombre puede echar por tierra todos esos planes y de eso es lo que va Call of Duty: Modern Warfare 3. Infinity Ward, con la colaboración de Sledgehammer Games, mantiene el tipo y vuelve a rizar el rizo con la campaña más espectacular de la saga y con una robusta y completísima visión (su intransferible llave del éxito) del multijugador.
Con dos cojones, ¡Capitán Price!
¿Alguna vez habéis hecho puenting, paracaidismo o algo por el estilo? La sensación que se tiene al finalizar la experiencia es tan descomunal que durante unos segundos te quedas sin habla, incapaz de pestañear y con el cuerpo casi totalmente catatónico. Salvando las distancias eso es lo que consigue Call of Duty con su concepto de videojuego espectacular, anestesiante y rimbombante. Ellos tienen la fórmula del éxito, una fórmula nada sencilla de emular y que se basa en un minucioso estudio del tempo jugable en el que a cada instante ocurre algo, en el que antes de que te empieces a cansar de ese tiroteo explota un edificio sobre tu cabeza que hace resguardarte bajo una lluvia de polvo y escombros.
Call of Duty es así, la quintaesencia de la acción, la adrenalina en la que lleva al jugador de la mano sin que este no sólo ni se percate, si no que pida más, incapaz de dejar de prestar atención. Hace dos años la polémica rodeo a Infinity Ward tras la publicación de Modern Warfare 2, con varios de los desarrolladores más importantes que levantaron el vuelo. Viendo el resultado uno cabe preguntarse: ¿Alguien los echa de menos? Básicamente porque si Treyarch el año pasado bordó un Black Ops espectacular y ahora Modern Warfare 3 llega con la campaña más bestia de toda la saga… ¿Creéis que alguien preguntará por ellos?
La nueva experiencia, que cierra la historia de Modern Warfare dejándola en una trilogía (podrían hacer un Modern Warfare 4, pero al menos se antoja difícil continuarlo en donde acaba la tercera parte), se sitúa justo al acabar Modern Warfare 2. De nuevo volveremos a ponernos en la piel de Yuri, Frost, Sandman y el Capitán Price. Este último ha seguido un arco igual de espectacular que la saga, pues fue el personaje más querido de la primera parte, ganó protagonismo en la segunda y en esta tercera literalmente se come al resto de cabezas visibles. De hecho, es tan devorador que hasta parece que Modern Warfare 3 no sea una historia sobre la tercera guerra mundial, o del malvado Makarov secuestrando a “presidentes” (no diremos de qué país) y amenazando al mundo, sino que sea la historia de venganza de John Price.
Con todo, la historia se sucede a espasmos de cinemáticas entre misión y misión. Al principio parece la clásica sucesión de misiones y eventos más o menos hilvanados para dar un sentido a ir matando y disparando por cada escenario. Pero con el tiempo, Price y sus compañeros situados en diferentes partes del mundo van triangulando una estrategia que confluye en unas misiones finales con sentido. Infinity Ward y compañía se las han ingeniado para que hasta el que no preste atención se entere de qué va el juego, quién es el malo y porqué llevan a cabo según que misiones. Se usan flashbacks, se usan escenas de Modern Warfare 2 para poner en situación y aunque no alcanza, ni de buen trozo, la calidad de Black Ops del año pasado, sí que al menos en la saga Modern Warfare cumple con creces.
Jugabilidad
Es difícil explicar cómo lo hacen con Call of Duty pero el caso es que lo hacen. ¿El qué? Pues conseguir que aún siendo una fórmula que se siente vista, que sabes que va a ser acción y espectacularidad sin respiro, consigan sorprenderte con esa vuelta de tuerca, con ese detalle “aún más espectacular”. Dan al jugador exactamente lo que quiere, lo utilizan, lo manipulan a placer, convirtiéndose en un títere que aplaude y pide más constantemente. Escenas a cada cual más inverosímil o impactante se suceden una tras otra en un completo “no parar”. No hay respiro (nunca, jamás) en una campaña francamente larga y tremendamente variada.
Call of Duty sigue un paso por encima en cómo cuida la campaña. Todo es puro teatro, todo está estudiado hasta lo enfermizo, no se deja nada al libre albedrío, no se escapa ni un solo detalle. Siempre se hace, de manera directa o indirecta, lo que sea para que el jugador vea (ya sea fijándole la cámara o añadiendo detalles que obliguen a que cuando suceda X evento el jugador esté mirando hacia esa zona) lo que Infinity Ward le quiere enseñar. Así que si estás en medio de un tiroteo, con decenas de explosiones, misiles estallando a tu alrededor, aviones haciendo pasadas de ametralladora y contra varios soldados lo lógico es que no prestes atención a absolutamente todos los detalles. Pues bien, ya se encargan los desarrolladores, a través de la unión de elementos, de los mensajes de tus compañeros o de la iluminación de que veas sí o sí cómo ese mítico monumento de la humanidad (no diremos cual) explota en mil pedazos a tus pies.
El ejemplo se ve con la interacción de los escenarios. ¿Por qué un jarrón de una de las habitaciones de un piso franco no se rompe en mil pedazos y los coches en medio de una avenida de Nueva York sí? Pues porque el jarrón es una anexo de una habitación secundaria que no le interesa a nadie y los coches están en mitad de un tiroteo con tanques y vehículos, por lo que se añaden a la marabunta de eventos que pasan uno tras otro. He ahí parte de su secreto, que se mezcla con una variedad de situaciones verdaderamente asombrosa y que se eleva un escalón más por encima de Modern Warfare 2. |