Quizá muchos no sepan que Monopoly en Wii fue uno de los grandes exitazos de Electronic Arts en las Navidades en las que fue lanzado. Funcionó en ventas muchísimo mejor que grandes franquicias que aparecían en la consola de Nintendo. Se podría pensar que Square Enix vio el filón y repitió la jugada añadiendo los universos de Dragon Quest y Super Mario, pero estamos ante una franquicia tremendamente longeva en Japón que hace acto de presencia por primera vez en Occidente. Como idea es divertida, pues la avaricia y la gestión inmobiliaria siempre han tenido su punto de atractivo cuando se trata de grandes partidas en grupo. Un producto muy afín para reuniones Navideñas pero para poco más, como veremos a continuación.
Compra, vende y especula pero sin cargarte a los países
Comúnmente en las noticias de televisión vemos hablar de entes económicos y términos ambiguos como “los mercados” que no son más que máscaras absurdas. Los “mercados” no dejan de ser especuladores concretos, personas determinadas con nombre propio que se dedican a jugar con las deudas, ahorros y demás bonos de miles de contribuyentes y/o ciudadanos con total impunidad. Eso sí, llamándoles “los mercados” se dibuja una interesante y útil (para ellos) cortina de humo. En plena crisis (económica, de valores, política o lo que queráis añadir) es un tema muy candente, así que de vez en cuando va bien relativizar y tomarse el asunto con humor (que no olvidándose).
¿Qué mejor que reunirse con la familia y echar una partida al llamado Itagaki Street – o como nos ha llegado a nuestro país Boom Street? Hay que citar que en Japón esta franquicia ha aparecido en todas las consolas habidas y por haber, ya que ellos en vez de jugar en tablero de mesa (que también) como los occidentales a Monopoly, ya lo hacían desde principios de los noventa al citado Itadaki Street. La diferencia es que aquí en vez de tener insulsas figuras como un zapato o un Rockefeller tenemos a los personajes de los mundos de Super Mario y Dragon Quest, así como sus icónicos escenarios.
Yuji Hori, creador de la saga Dragon Quest, es el director del estudio secundario de Square Enix que ha creado esta obra. Él, por lo que nos consta, no ha participado en este proyecto, pero quizá su relación con Dragon Quest sea una muestra de que este Boom Street sea tan tedioso en más de una ocasión. La mecánica es tremendamente simple, pero algunos problemas con la inteligencia artificial y lo longevo de las partidas (sin poder guardar), lo convierten en una experiencia prohibitiva para jugar en solitario y relativamente entretenida para jugar en grupo.
Jugabilidad
A través de un escenario, con cámara cenital, tenemos que ir recorriendo las diferentes casillas del tablero para hacernos con el máximo de locales. Cada jugador consta de un dinero en efectivo (para gastar) y uno que suma el resultado de todos los bienes y locales acumulados. La temática es sencilla: debemos recorrer el escenario buscando las casillas con diferentes palos de póquer y volver a la casilla central del Banco para devolver los “palos” y conseguir un nivel extra y una bonificación de dinero en efectivo y bienes.
Hasta aquí todo normal, pero en el camino deberemos comprar los locales cuando caigamos en ellos y pagar un tributo si caemos en un local de un contrincante. Por supuesto si caemos en un local ya comprado por nosotros tendremos la oportunidad de invertir en él, mejorando su valor y por supuesto obligando al rival que caiga en ella a pagar un tributo muchísimo mayor. Encima, hay detalles como que si poseemos varios locales cercanos, estos duplicarán y hasta triplicaran su valor sólo por el hecho de crear un pequeño distrito. Para rizar el rizo se pueden comprar acciones de cada distrito, adquiriéndolas, vendiéndolas y en definitiva conseguir grandísimos beneficios.
El título, además, está salteado con una serie de casillas especiales con algunos pequeños minijuegos o cartas bondadosas o trampa. Por ejemplo, de vez en cuando habrá un túnel que nos transportará a otro camino del tablero, otras veces nos teletransportaremos a la casilla deseada, en otras conseguiremos cartas sorpresas con jugosos beneficios, en otras hay chollos que nos premiarán con grandes beneficios y así sucesivamente. Hay para dar y tomar según el tipo de casilla y por supuesto que es un detalle que le da bastante vidilla al juego.
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Para añadir más “picante” al asunto también podremos expropiar, subastar y realizar ofertas por casillas ya ocupadas. Si por ejemplo caemos en una casilla ocupada, se nos obligará a pagar el pequeño plus que dicha zona tenga, pero seguidamente se nos dará la opción de comprar ese emplazamiento por cinco veces su valor. También, en determinadas ocasiones, podremos realizar ofertas a otros usuarios, pero si se trata de la IA olvidaros si no se han comprado todas las casillas del escenario, pues no aceptarán ni una oferta o simplemente te pedirán precios astronómicos.
Eso sí, olvidaros de jugar en solitario por una sencilla razón: ¿Os acordáis de cuando decíais con la familia de echar un Monopoly, después de la comida y antes de ir al cine, y os daban las tantas de la noche? Pues imaginad que eso se repite pero sin poder reíros con o de la gente y sólo viendo unos personajes que se hacen pesados hasta la saciedad. No hay posibilidad de guardar y el ritmo de juego es endiabladamente lento, aunque podamos quitar animaciones y agilizarlo, por lo que es más que probable que echéis una partida y gracias contra la máquina.
A esa lentitud y tedio se le une otro detalle especialmente molesto y es que la “máquina” hace trampas. Así es que más de una vez casualmente caerán en la casilla adecuada para compensar que nosotros seamos más inteligentes. Es decir, que si ya hay pocos alicientes para jugar sólo, imaginaros si encima la frustración llega por medio de las trampas. Es por eso que el título se ciñe, casi exclusivamente, a jugarse en grupo. Eso sí, empezar la partida con horas por delante, porque si os adentráis en alguno de los mapas más complejos perfectamente la cosa se puede ir por encima de las tres horas. En total, en el modo Tour, encontraremos dos etapas, una de Dragon Quest y otra de Super Mario, con seis escenarios cada uno. Además habrá una etapa desbloqueable cuando consigamos todos los trofeos; una tarea ingente que nosotros no hemos conseguido.
Destacar que el multijugador se puede llevar a cabo con cuatro personas en modo local, cada uno con un mando e incluso pasándose el mando entre sí, y a través de internet. ¿Cuál es el problema de jugar contra desconocidos? Pues que la falta de comunicación es notable, pese a haberse incluido unos pequeños gestos que muestran nuestro estado de ánimo. Pero como no hay posibilidad de guardar la partida ni penalizaciones, imaginaros llevar dos horas de partida y que el usuario Y se desconecte porque se ha aburrido…literalmente habréis perdido dos horas. |