BioWare que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Bendito…, vale, sí, hace unos años. El estudio, que fue Zeus en su día, con poder absoluto para convertir en gloria todo aquello que tocaba, se convirtió el año pasado en algo menor con Dragon Age II. Un Aquiles con un tendón tan grande como la pierna, que dejó a muchos atónitos y desubicados tras el excelente Dragon Age: Origins. Bajó de los cielos el estudio y mostró que por primera vez que tenía puntos débiles y que podía sangrar. Ahora, con Mass Effect 3, directamente se convierte en un mortal, no uno cualquiera eso sí, al que una considerable hemorragia puede dejar fuera de combate durante varios días. Resumiendo: la trilogía no se lo merecía, Mass Effect no se merecía este final. ¿Os parece una forma demasiado dura de empezar? Pues seguid leyendo…
El síndrome Dragon Age II v.2.0
Seamos sinceros, no vamos a descubrirte la pólvora. Mass Effect 3 salió hace una semana y a estas alturas lo que vas a leer a continuación es poco probable que vaya a hacerte decidir si comprar el juego o no. Quien deseaba a Shepard, quien lleva esperando, desde que los Segadores aparecieron en el primer Mass Effect, el desenlace de la trilogía ya tendrá el título en sus manos y más que probablemente se lo haya pasado. Habrá otros que estén en ascuas o expectantes a adquirirlo, pero en definitiva, Mass Effect 3 es uno de esos títulos al que poco le afectan lo que digan unas cuantas palabras. La decisión de adquirir el título la tomaste hace dos años tras pasarte la memorable Misión Suicida de Mass Effect 2, así que ahora por mucho que te digan que el viaje va a ser tortuoso, tú lo viajarás igual porque quieres saber cómo acaba dicho viaje.
Pero siguiendo con el tema, aún con el retraso en nuestra publicación os traemos lo que realmente es la última obra de BioWare. Con el título pasado, tras más de treinta y cinco horas de juego, la nostalgia se convierte en realidad, las dudas se transforman en respuestas y la incertidumbre se solidifica en el horizonte de esta magna galaxia de ciencia-ficción. BioWare lo tenía todo en su haber, se le esperaba en la tarima con todos los focos preparados, la alfombra roja estaba colocada, pero en el último instante va y se tropieza. Un tropiezo chirriante que desencaja y que ni el carisma de la personalidad, ni la calidad de la vestimenta, ni el equipo de marketing conseguirán hacer olvidar. Un tropiezo tan inolvidable como el recuerdo de la primera vez que conociste al comandante Shepard.
La nostalgia, las ganas de saber cómo acaba el asunto, la involucración jugador-personaje que BioWare tanto ha cuidado con las partidas guardadas y las decisiones acumuladas, y que recordamos, de Mass Effect 1 y 2. Hay una bola demasiado densa y con demasiada inercia como para que el jugador pueda ponerle freno fríamente y observar todas las lacras y problemas que presenta Mass Effect 3. El plantel de personajes, el fructífero catálogo de mentalidad y razas, hace piña para que muchos defectos pasen desapercibidos o incluso camuflados. Pero la realidad es dura, es muy dura. BioWare ha perdido la magia y Mass Effect 3 no es esa obra tocada por los dioses y convertida en oro pese a sus errores.
El año pasado, Dragon Age II supuso un jarrón de agua fría. La primera herida profunda de BioWare hizo que sus detalles positivos (que los tenía y muchos) parecieran mayores de lo que realmente eran. Una de las frases que definió a Dragon Age II, pronunciada no sin cierta lástima, era “no está tan mal”, que muchos jugadores fieles a las horas de placer que BioWare les había dado en el pasado, pronunciaban sin cesar. Pero Dragon Age no es Mass Effect, el perdón que podía suscitar la obra de Hawke y compañía, saliéndose por la tangente con otra protagonista, no es factible en una obra que con Shepard a la cabeza llega a su fin. Una obra de ciencia ficción asombrosa en el papel, fascinante en el factor sorpresa en su primera parte, memorable en la presentación y epicidad en su segunda, y conservador, miedoso y pobre en su tercera parte. Como veréis a continuación Mass Effect 3 posee incontables virtudes, es obvio, pero el sentimiento que embarga al jugador es de pena, generando una lástima debido a que la trilogía se merecía otro final.
La contaminación de la nostalgia y la expectativa
Nos cansamos de decirlo, pero cada vez es más difícil llegar totalmente virgen a un título. Día a día el bombardeo de información es masivo y conseguir entrar en Mass Effect 3 sin haber visto ni un solo vídeo, tráiler, cinemática o imagen es prácticamente imposible. Razón no les falta, Shepard ya forma parte de nuestras vidas, hemos crecido y sufrido con él, se nos puso un nudo en el estómago con el brutal inicio de Mass Effect 2, nos quedamos atónitos al decidir a quién debíamos salvar de nuestro grupo en el primer Mass Effect, nos levantamos de la silla – mientras jugábamos – con la descomunal “Suicide Mission”, o se nos erizaban los pelos de la nuca cada vez que las notas de Jack Wall llenaban nuestros oídos.
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El triunfo de Mass Effect en la historia de los videojuegos ya es mayúsculo. Ciencia ficción como jamás se había visto hasta ahora, sin necesidad de tirar de Star Wars, para el Caballeros de la Antigua República, sino creando no ya un mundo propio, sino un universo coherente, rico y plagado de detalles y calidad. La fuerza y violencia de los Krogan, atizada por esa maldición llamada que les acecha. La precisión y coraje de los Turianos, la inteligencia y pasión por la ciencia de los salarianos, el tecnicismo de los Quarianos…
Mass Effect es a la ciencia ficción lo que Los Soprano a la novela negra de la televisión. El protagonista es Antony Soprano / Shepard, sí, pero realmente la serie / videojuego se asienta sobre el planteamiento coral, sobre la personalidad de cada uno de sus integrantes. Hemos crecido y vivido con ellos, los conocemos, aplaudimos al incorregible Wrex y sus salidas de tono, nos partimos con el humor negro del aparentemente inocente Mordin, nos maravillamos de esa suave fragilidad de Tali o con el intachable y gran camarada Garrus. Otros recordarán el culo de Miranda, otros muchos recordarán al carismático Thane. Cada jugador tiene un Mass Effect en su mente y nada ni nadie podrán borrar ese tesoro.
Razones por las cuales las expectativas, que nunca son buenas consejeras, ahora lo son aún menos. ¿Decepciona Mass Effect 3 por estar por debajo de lo esperado? ¿Es peor juego que los anteriores por el hype mayúsculo que tenían todos sus jugadores, deseosos de ver el final de Shepard y compañía? En absoluto, ésas son razones arbitrarias, subjetivas y particulares. ¿Quién o qué determina qué es lo que se espera de un videojuego? ¿Las ganas que le tienes? A la que piensas un poco en el tema, es fácil llegar a la conclusión de que tanto expectativas, como las ganas que le puedas tener, nunca van a hacerte mejor la experiencia. |