Hay un axioma en la industria que suele cumplirse a raja tabla cada cierto tiempo. Dicho axioma dice que todo lo que toca Bioware lo convierte en éxito, clásico o de oro. Y es que no existe ningún estudio que cada lanzamiento suyo se convierta, prácticamente, en un clásico instantáneo que crítica y público aplaude unánimemente. Ahí está Star Wars: Knights of the Old Republic, Baldur’s Gate, Mass Effect o el último Dragon Age. Por extraño que parezca, con sólo un año y medio de diferencia Bioware va a sacar al mercado la segunda parte de su excelente Dragon Age. Fuimos expectantes al stand de Electronic Arts y lo que narramos a continuación es lo que pudimos ver.
Evolucionando la fórmula un año después
Llama la atención pues, que un estudio que sólo ha sacado dos secuelas en su vida (Mass Effect 2, y porque es una trilogía, y Baldur’s Gate II) se embarque en una tercera secuela con tan poco tiempo de margen con su antecesor. Además hablamos de Dragon Age: Origins, uno de los juegos más extensos y profundos, en cuanto a guión y temática, de los últimos años. Por ello, hay que comprender y entender que por mucho que viéramos durante una hora lo que nos va a ofrecer Dragon Age II, no es tiempo suficiente para juzgar lo que puede llegar a ofrecer el juego. Ya que es cuestión de matemáticas, una hora de sesenta, es ver prácticamente nada.
Pero aunque ya nos ocurriera en Fallout: New Vegas, hay que aplaudir la devoción y dedicación de Bioware en explicarnos y mostrarnos todas las novedades y cambios de Dragon Age II. Y es que estos van a ser numerosos y de calado, pues se van a modificar los gráficos, la historia y la jugabilidad. Es decir, prácticamente va a ser un juego nuevo que poco tenga que ver, en muchos aspectos con su antecesor.
Transformando la jugabilidad en consola, manteniéndola en PC
Por el momento, en el plano jugable los cambios saltan a la vista. La versión de Xbox 360 y la versión de PC (las que pudimos ver) prácticamente no tienen nada que ver. En consola Dragon Age II se centrará más en la acción, con cierto componente estratégico, pero procurando en hacer del juego una experiencia dinámica que se adapte tanto a los jugadores como al control. En PC la mecánica será muy parecida a Dragon Age: Origins, pudiendo pausar la acción, pivotar la cámara, girarla y moverla a lo largo del escenario sin ningún tipo de problema, pues en PC sigue primando el concepto de estrategia, en vista isométrica, que tanto gustó en su antecesor. Por lo tanto hay que dejar claro que la manera de seleccionar los personajes y de jugar a Dragon Age II dista mucho de consolas a PC.
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Centrándonos en Xbox 360, la acción adquiere un componente de cámara en tercera persona y una serie de magias que se asocian a los botones X, Y, B de nuestro mando. Un pequeño hud en la parte inferior derecha nos indica qué magias o ataques corresponden a cada botón, de esta manera en combate es muy sencillo alternar entre ellos. Pero no os penséis que las habilidades se han centrado a simplemente tres, con otro botón abriremos un panel circular con diferentes atributos de magia, ataque o defensa y podremos asociarlos a los tres botones de ataque mencionados. La cámara permanecerá en tercera persona y también tendremos la opción de hacer de general de la partida y pausarla (al estilo Mass Effect), para luego seleccionar las zonas o áreas en las que queremos realizar un ataque mágico masivo, por ejemplo.
Especificando más en este terreno, hay que decir que la rueda de habilidades de Dragon Age II recuerda notablemente a la de Mass Effect, con la diferencia de que habrá diferentes niveles de circunferencia con sendas ramificaciones de habilidades a escoger. Bastante completo y a la vez intuitivo de utilizar. En esta versión sólo podíamos controlar al protagonista del juego y a su hermana, pudiendo decidir, antes de la batalla, quién queríamos que fuera en ataque y quién en defensa. En la versión de PC, a parte de los cambios de menú y de selección de personaje nos acompañaba, aparte de nuestra hermana, toda una familia con una madre y su hijo y una guerrera con la que nos topamos en el transcurso de la historia. |