La noche que salió a la venta Wrath of the lich king tenía ese halo que poseen ciertas ocasiones que, realmente, ponen nervioso cuando eres un niño. Es parecido a una Nochebuena en la que sabes que papá Noel llegará a las 12, ¡pero aún son las 10! Una sensación de hormigueo que ataca a fibras muy sensibles de miles de jugadores, para los que la aparición de la segunda ampliación de World of Warcraft es, probablemente, el acontecimiento del año.
Historia
Si analizamos palabra a palabra lo expuesto, no resulta muy edificante… triste incluso si profundizamos en el hecho de que miríadas de jóvenes, y otros que ya no lo son tanto, se emocionen con algo como esto. Tropas de geeks con mono de píxel se agolparon a las tiendas que abrieron la noche del lanzamiento en nuestro país, en un portentoso ejercicio de frikismo extremo pero sociológicamente fascinante. Los estilizados elfos, fieros orcos y nobles tauren se mutaron por una noche en (hablamos de la media en una encuesta publicada) jóvenes de 30 años, solteros y sin compromiso, con marcado sobrepeso, relaciones sociales limitadas y con trabajos de ingresos medio-alto. Tras este escueto perfil se ubican una verdadera legión de jugones que realmente han consagrado su vida a un universo que les resulta más benévolo que el duro trascurrir del día a día y en él centran en torno al 80% de su tiempo de ocio.
En este momento, es justo cuando debo decir que creo honestamente que World of Warcraft es el mejor juego de la historia globalmente hablado, ni más ni menos. Difícilmente podremos encontrar un universo virtual tan denso y consistente, tan cercano a los sueños húmedos de millones de gamers ansiosos de espada y brujería, de hazañas épicas y de llevar una vida como la que han soñado desde que leyeron alguna edición de bolsillo de un clásico de fantasía. Me confieso un ferviente jugador de WoW, un fan… entendamos pues que el cristal por el que pasa mi análisis sobre Wrath of the LIch King será, como mínimo, traslúcido y, en algunos casos, realmente opaco, cegado por el fanatismo y la lealtad que los chicos de Blizzard han conseguido levantar.
Pero justo al contrarío de lo que antes comentábamos, esto no es nada malo, al contrario. Si World of Warcraft no existiera, sencillamente, habría que inventarlo, y hay que agradecer que todos aquellos que llevamos muuuucho tiempo en el mundo del joystick, hayamos podido encontrar algo que, por fin, consigue mantener nuestro interés durante ya más de tres años.
Novedades y cambios
Usemos ahora este apartado para trazar las verdaderas novedades en Wrath of the lich king. Tras sólo un par de semanas, estamos aún en preliminares, pero a grandes rasgos las nuevas incursiones son:
Posibilidad de subir hasta nivel 80: De momento, y hasta donde hemos podido jugar, el leveleo es muy similar a lo que nos encontramos en la anterior ampliación. Hasta ahora podemos hablar de unas 7 a 10 horas por nivel para subir, siempre jugando de forma optimizada y con ayuda de addons.
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Obviamente, esto depende mucho de nuestra clase y habilidad, pero no obstante esta media es bastante ponderada y hasta ahora real. Nos ha llamado la atención la drástica reducción de dinero obtenido en el niveleo, aunque los premios de recompensa son francamente buenos y ayudan a personajes no muy trabajados. Si cabe destacar algún detalle negativo, sin duda uno de los mayores pasos atrás ha sido la gestión de las monturas voladoras. Aunque es plenamente comprensible que se hayan puesto restricciones en su uso en Rasganorte, la forma de ejecutarlo no ha sido la mejor, ya que se nos obliga a llegar nivel 77 y a pagar 1000 monedas de oro por… errr ¿nada? Así es, luce muy poco este ardid de Blizzard, pero en fin, es lo que hay.
Nuevo continente: Northrend o Rasganorte. Un nuevo campo de juego bastante parecido en cuanto a tamaño a Terrallende, pero infinitamente más trabajado gráficamente y con notables mejoras en el modelado de criaturas y edificios. Tristemente y en contra de lo que hasta ahora se desmarcaba como una baza de Blizzard, los ordenadores más antiguos y menos preparados tendrán verdaderos problemas para mover el nuevo entorno creado a un framerate decente, de hecho hasta ciertos equipos medios notaran una importante reducción de fluidez. Si partimos de la base que Wrath of the Lich King debe durar al menos tres años, es lógico pensar que las mejoras técnicas en futuros componentes afectarán a la expansión, pero de entrada es un pequeño shock descubrir que nuestro ordenador no puede con los mejorados efectos y escenarios. Las zonas dentro de Rasganorte se ordenan por nivel y aunque las primeras impresiones resultan algo toscas en la llegada, esperad a llegar a cementerio de dragones, la cosa mejora mucho.
Nueva clase: Caballero de la Muerte es la primera clase heroica que blizzard implementa en World of Warcraft y para ello ha cambiado ciertas reglas que hasta ahora eran una constante. Para poder hacernos un Caballero de la Muerte tendremos que tener al menos un personaje a nivel 55. Si es así, accederemos a esta clase, en la que empezaremos con un Death Knight a nivel 55 sometido por el rey exánime y que se liberará a lo largo de una entretenida y épica serie de misiones. El juego con esta nueva clase es divertido y fácil, de hecho, el desmesurado poder de este nuevo personaje nos incita a pensar en futuros nerfeos que ya están publicados en foros y webs del entorno. El Death Knight es una clase orientada a hacer daño y a ejercer de tanque en las raids gracias a su capacidad de llevar armadura de placas, además posee un oscuro poder como nigromante que le permite ayudarse de ejércitos de muertos vivientes, así como manejar fuerzas oscuras impías y de sangre. Seguro que veremos muchos de estos caballeros en el futuro y desde luego podemos aseverar su valía en las aventuras de los jugadores en esta nueva etapa. |