Call of Duty ha conquistado el mundo de las consolas con unas incontestables ventas año tras año. Su intachable calidad, por muchos críticos que posea, y su espectacularidad son motivo suficiente para que año tras año siga arrasando allá por donde vaya. Pero las consolas no fueron la plataforma que la vio nacer (además de que en la generación pasada Call of Duty era en sobremesa una franquicia un tanto discreta), sino en PC con su genial y frenético planteamiento basado en la Segunda Guerra Mundial. Ahora le toca el turno a la saga Modern Warfare de pasar por el siempre exigente tamiz del PC.
Jugando en la liga de los mayores
Call of Duty es la quintaesencia de la acción, pura adrenalina que lleva al jugador de la mano sin que este ni siquiera se percate de lo que ocurre, sino que simplemente se deje llevar por la espectacular y pirotécnica función. Infinity Ward y Activision tienen la fórmula del éxito, una fórmula nada sencilla de emular y que se basa en un minucioso estudio del tempo jugable en el que a cada instante ocurre algo, en el que antes de que te empieces a cansar de ese tiroteo explota un edificio sobre tu cabeza que hace resguardarte bajo una lluvia de polvo y escombros.
En consola lo tienen completamente dominado y la gran mayoría de shooters, de una manera u otra, intentan imitarle con desarrollos más líneales pero sin conseguir emular esa espectacularidad (aunque casos como Crysis 2 lo consigan por vías totalmente distintas). Pero en PC se juega en otra liga, su historia diferente y sus vacas sagradas son otras. Es obvio que ha de haber de todo y para todos los gustos, y en ese sentido Call of Duty sabe llegar un mercado a priori más exigente y que suele tener como referencias a obras maestras como Half-Life 2, S.T.A.L.K.E.R, System Shock o los clásicos multijugadores que van desde maravillas como Team Fortress 2 o Red Orchestra 2, a experiencias más frenéticas como Quake/Unreal Tournament. Es decir, mientras en consola los FPS empezaban a andar de la mano de Halo, en PC ya se hacían decathlones enteros sin despeinarse.
Ahora llega Modern Warfare 3 a PC con los ecos de la polémica de su segunda parte, en la que vio la luz sin servidores dedicados y con una serie de añadidos online que no gustaron especialmente entre muchos usuarios. Tras el buen trabajo realizado por Treyarch en Call of Duty: Black Ops, era obvio que la saga Modern Warfare se debía poner las pilas y, como mínimo, ofrecer lo visto en la anterior entrega de la saga. Dicho y hecho, con respecto al Modern Warfare 2 hay novedades, aunque con respecto a Black Ops ya no tantas y eso es lo que veremos a continuación.
La nueva experiencia cierra la historia de Modern Warfare poniéndonos en la piel de Yuri, Frost, Sandman y el Capitán Price. La historia se inicia justo donde acaba Modern Warfare 2 pero con un Capitán Price que absorbe por completo la pantalla, hasta el punto de que historia sobre la tercera guerra mundial, o del malvado Makarov secuestrando a “presidentes” (no diremos de qué país) y amenazando al mundo, sino que sea la historia de venganza de John Price. Cinemáticas entre misión y misión van triangulando una trama que cualquiera puede entender, usando flashbacks y poniendo en situación de acontecimientos anteriores (con la polémica escena del aeropuerto y una nueva que se suma a la galería que tanto gustan a telediarios estadounidenses como los de la FOX). Eso sí, no alcanza ni de lejos a la calidad de Black Ops del año pasado.
Jugabilidad
Call of Duty tiene la capacidad de que aunque su fórmula se sienta vista y que sepas lo que te vas a encontrar, acción y espectacularidad sin respiro, consiguen esa vuelta de tuerca, ese “un paso más allá” de frenetismo y/o anestesia visual. Manipulan al jugador a placer, dándole exactamente lo que necesita ver en cada momento, son maestros en poner los elementos determinados para que sin anclarle la cámara el espectador vea lo que los desarrolladores quieren enseñarle. Escenas a cada cual más inverosímil o impactante se suceden una tras otra en un completo “no parar”. No hay respiro (nunca, jamás) en una campaña francamente larga y tremendamente variada.
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Call of Duty sigue un paso por encima en cómo cuida la campaña. Todo es puro teatro, todo está estudiado hasta lo enfermizo, no se deja nada al libre albedrío, no se escapa ni un solo detalle. Siempre se hace, de manera directa o indirecta, lo que sea para que el jugador vea lo que Infinity Ward le quiere enseñar. Valve dio una breve clase magistral en sus “Comentarios de desarrolladores” de Half-Life 2: Episode One sobre cómo hacer que el espectador viese en todo momento la escena del helicóptero sin necesidad de crear una cinemática en tiempo real en la que el jugador no tuviese el control. A través de los colores del suelo, a través de un enemigo que pasa en el justo instante y mantiene la vista del espectador los suficientes segundos para que, en ese instante, aparezca un helicóptero. Todo se estudia para la inmersión y eso es lo que, a su manera, hace Infinity Ward de forma brillante con Call of Duty.
Visitaremos Nueva York, Berlín, París, Praga, África, Londres y varios emplazamientos más que mejor os dejamos descubrir por vosotros mismos. Pero eso sólo son detalles sobre el papel, lo verdaderamente importante es el cúmulo de apoteósicas situaciones que viviremos. Desde una persecución de helicópteros por los rascacielos de Nueva York, pasando por un espectacular tiroteo en un banco, o unas emboscadas en medio de una densa tormenta de arena con momento Black Hawk Derribado inclusive, todo está pensado para el disfrute. Hay para dar y tomar, os lo aseguramos. ¿Os acordáis de la escena del helicóptero de Uncharted 2? Pues rizarla y añadirle a eso que además vais montados en un Jeep y pasáis por debajo de una cristalera de un gran museo. Por no hablar de derrumbes de edificios, lluvias de escombros como si estuviéramos en el Amazonas y fuera la época del Monzón, el asalto a un submarino (con vacilada incluida), el tiroteo a lo “escena del hotel de la película Inception”, la escenaza de París…etc. Como os hemos dicho antes, es un absoluto no parar. |