Renovarse o morir. Tras una mediocre entrega para PS3, PC y Xbox 360 Konami reinventa la franquicia Silent Hill con un particular remake del primer título de la saga. Shattered Memories compensa su aparición en las consolas tecnológicamente menores con un montón de ideas novedosas que lo convierten en el Silent Hill más intrigante de los últimos años.
Un soplo de aire “fresco”
Cuando una franquicia se agota sólo hay dos opciones si no quieres echarla a perder: dejarla descansar unos años o reinventarla. Capcom aprendió muy bien esta lección con Resident Evil 4 (aunque luego tiraría lo ganado por tierra con Resident Evil 5, pero eso es otro tema) y Konami parece haber tomado ejemplo.
Shattered Memories es un remake engañoso de la primera entrega de la serie. A simple vista podría parecer un intento de volver a las raíces, pero nada más lejos de la realidad, en realidad se limita a coger los puntos básicos de la historia y los retuerce hasta hacerlos irreconocibles. Al contrario que muchos otros remakes, el guión de Shattered Memories no es un borrón y cuenta nueva sino una especie de universo paralelo dentro de la memoria del protagonista.
La historia comienza con Harry Mason en la consulta del psicólogo, algún tiempo después de los acontecimientos vividos en el primer Silent Hill. A partir de ahí el personaje le cuenta al doctor todo lo que ocurrió durante aquella fatídica noche, cuando tuvo un accidente de coche y descubrió, tras perder el conocimiento brevemente, que su hija Cheryl había desaparecido. De este modo Shattered Memories no pretende contarnos otra vez la historia tal y como la jugamos hace ya 11 años, sino más bien cómo la recuerda la afectada mente de Harry. Sin duda una manera muy original de darle una vuelta de tuerca a un clásico sin renegar de él.
Y hasta aquí pienso contar. El resto del viaje por la memoria de Harry es mejor que lo viváis en persona. De hecho, buena parte del mismo depende de vuestras propias decisiones. En cierto modo, como a la desarrolla Climax le ha gustado decir durante la promoción del título, es un juego que juega tanto contigo como tú con él.
Jugabilidad
Tras el relativo fracaso de Silent Hill Homecoming, una entrega correcta pero incapaz de cumplir con las expectativas, quedó en evidencia que ya no bastaba con coger la misma fórmula de siempre y adaptarla a las posibilidades técnicas de la presente generación. Silent Hill pedía a gritos una revisión profunda con novedades palpables, nada de “un poco de acción por aquí” y “algún puzzle menos por allá”. El resultado es Shattered Memories, un juego que tira por la borda la mayoría de los tópicos autoimpuestos que han lastrado la evolución del survival horror que redescubrió el terror psicológico.
La premisa básica de esta secuela es ofrecerle al jugador una experiencia personalizada. Prácticamente al principio del juego el psicólogo le presenta a Harry un breve test de personalidad con preguntas de lo más variado. Aquí el jugador deberá responder con sinceridad a diversos aspectos de su vida y de su carácter. ¿Eres una persona que hace amigos con facilidad? ¿Le has sido infiel a tu pareja alguna vez? Dependiendo de las respuestas el juego construye una base sobre la cual irán desarrollándose los acontecimientos. Sobre esta base el juego estudiará al milímetro el comportamiento del usuario durante el resto de la partida. Todas las decisiones y maneras de afrontar los obstáculos del juego serán monitorizadas por un psicólogo invisible que irá moldeando la experiencia a imagen y semejanza de los miedos y experiencias del jugador. ¿Interesante, verdad?
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Climax ha sido capaz de cumplir con lo prometido y esta idea tan ambiciosa como genial se ha visto bastante bien reflejada en el juego final. Obviamente la columna vertebral de la historia es fija, pero a partir de ahí determinados eventos, personajes, escenarios o incluso el diseño de los enemigos varían de jugador a jugador, hasta culminar en uno de los varios finales disponibles (uno de ellos el ya tradicional “final OVNI”).
Estas variaciones están implementadas de forma tan sutil que en ningún momento se tiene la sensación de estar eligiendo “bien” o “mal” o sencillamente prever que tal camino va a llevar hasta tal cosa y no otra. Estas modificaciones sólo se observan al iniciar una segunda partida y hacer las cosas de otro modo. Es entonces cuando verdaderamente se pone de manifiesto el gran trabajo que ha hecho Climax y los enormes beneficios que tiene este planteamiento para la inmersión.
Por desgracia este esfuerzo titánico a la hora de programar mil ramificaciones distintas tiene también algunas consecuencias negativas. En primer lugar la historia tiene una duración bastante escasa, un precio que muchos juzgarán justo a cambio de ver cómo la personalización es llevada hasta un nuevo nivel nunca visto. Tampoco resulta fácil de perdonar que, a pesar del énfasis que se ha puesto en la libertad, la mayoría de los niveles se resuelvan yendo del punto A al punto B.
En cuanto a la dinámica de juego, nos encontramos con los ingredientes de siempre, un título basado principalmente en la exploración del entorno y en la resolución de puzzles sencillos, con ocasionales apariciones de enemigos. En esta ocasión Silent Hill tiene pinta, más que nunca, de aventura gráfica. Los puzzles han ganado presencia, en detrimento de las escenas de acción. Además, por influencia de la versión de Wii, estos puzzles tienen bastante de minijuegos de manipulación de objetos, por ejemplo girar una serie de latas hasta que caiga la llave que esconde una de ellas. Resulta evidente que estos puzzles-minijuego han sido diseñados con el control gestual de la consola de Nintendo en mente y la solución de emplear un puntero movido por el joystick izquierdo no termina de encajar. Aún así se agradece que la saga vuelva a darle importancia a los rompecabezas, algo que se echó mucho de menos en Silent Hill Homecoming. |