Por un instante, cerrad vuestros ojos e intentad evocar en vuestra mente algún momento de vuestra niñez que pasasteis jugando, simplemente por jugar o por divertiros. Un instante en el que no ya por pasar el rato, sino por recrearos en vuestra imaginación, juegos de construcción o cualquiera que fuese el juguete que utilizarais. ¿Lo recordáis con una sonrisa y felicidad? Porque precisamente esa premisa es la que ha vuelto a conseguir Nintendo con Super Mario Galaxy 2. Una experiencia que nos devuelve a una infancia en donde las historias daban igual y lo único que importaba era divertirse e imaginar.
No hay que perder al niño grande que llevamos dentro
Sin pretensiones, ni una gran historia, simplemente la inocencia de una mente imaginativa que se deja llevar por la diversión del juego. De pequeño, ¿quién necesitaba historias cuando se mezclaba un coche de "playmobil" y un tractor de Lego? ¿Quién se paraba a pensar en los traumas de un muñeco de G.I.Joe, vestido de camuflaje de leopardo, cuando se enfrentaba a una legión de 20 pinypon? Nos podíamos inventar las historias más inverosímiles, pero cualquier objeto o juguete era válido para divertirnos. Con nuestra imaginación y tiempo por delante, las tardes en el parque, con nuestros amigos o sin ellos podían ser increíblemente gratificantes.
Al evocar algún momento de vuestra niñez se consigue ver la pura sencillez de la diversión, pero sintetizada en cientos de instantes que todo niño vivió o debería vivir. Momentos que, tristemente, con el tiempo se van perdiendo. Miles de escritores, como Michel Ende, libros como Peter Pan o El Principito, y cientos de fragmentos de la literatura universal siempre han apuntado a una diana concreta: La de no perder el niño que llevamos dentro. Conservar la inocencia y la capacidad de diversión, poblar el mundo de niños grandes que sonrían y sean felices en un mundo tan gris. Ese es y ha sido el camino que muchos han intentado recorrer, el cine y la literatura están plagados de ese tipo de pasos, y que en videojuegos tantos otros también han andado.
De ahí que Super Mario Galaxy 2 borde y plasme la parte “juego” de la palabra videojuego. El sentimiento más primigenio de diversión, el más inocente y puro, se puede llegar a reencontrar en esta obra de Miyamoto y compañía (pues el juego entero no sale de él). Un sentimiento idéntico al que vivimos por primera vez en NES con Mario Bros. y tantas experiencias míticas e inolvidables (¿hacía el guión de Megaman 3 que fuese menos juego, menos difícil o emocionante?). Un sentimiento conocido pero que aún tiene mucho que ofrecer.
El universo en una cáscara de DVD
Mario Galaxy se sale de su dimensión como plataformas y como videojuego. Todos sabemos que una de las personalidades con la mente más brillante del planeta, la del físico Stephen Hawking, permanece anclada a una silla debido a una enfermedad degenerativa. Si su mente pudiera reencarnarse en un personaje de videojuego, si se pudiera proyectar su yo interior, una de esas representaciones podría ser perfectamente la de Mario.
Entiéndase como tal el ejemplo. El fontanero juega con las dimensiones con tanta facilidad y aparente sencillez como el físico explica la interpolación de dimensiones con naturalidad y simpleza. Stephen consigue en su libro “El Universo en una cáscara de nuez” que la física cuántica más compleja sea entendible, al menos aparentemente, para la mayoría de mortales. Super Mario Galaxy 2 consigue en este “El universo en una cáscara de DVD” que los quiebros de cámara, el cambio de sentido de la gravedad o la mezcla de enfoques de dimensiones y puntos de vista parezcan increíblemente fáciles de hacer y jugar.