¿Te has pasado Vanquish en difícil? ¿Eres de los que día sí, día también consigues una chapa de MVP en el multijugador de Gears of War 3? ¿Te has pasado los Halo en Legendario? ¿Sí a todo? Pues puedes obviar este análisis, aunque te recomendamos que lo leas para que descubras un concepto de juego distinto, pero en resumidas cuentas puedes prescindir de él, ya que no es un juego pensado para ti. En cambio, ¿Eres padre de familia? ¿Buscas siempre algún título con el que hacer que tus pequeñines empiecen a adentrarse en los videojuegos contigo? ¿Ansías una experiencia para ellos que mezcle el humor, la imaginación y la frescura de los dibujos que veías de pequeño? ¡Bienvenido pues! Barrio Sésamo y Double Fine han formado una simbiosis perfecta en la que vale la pena invertir tiempo y dinero.
En Familia, como en los tiempos anteriores a la telebasura
Barrio Sésamo, Érase una vez…, programas de televisión atemporales. No sólo toda una generación de actuales padres, si no que aún hoy en día sirven y funcionan para adentrar a los más pequeños en un mundo de humor, colores, educación y conocimientos. Un padre hace años podía ver junto a su hijo, en la sobremesa o por la tarde, la televisión con su niño sin problema alguno. Ahora es difícil, más allá de Pocoyó o los Teletubbies, encontrar contenido adecuado, pues casi todo está invadido por una telebasura deprimente y nociva.
De hecho, ver implorar al Monstruo de las Galletas que le deje comer la zanahoria de Epi (en una estratagema para que Triki no le robe las galletas) es algo que incluso hoy en día más de una mente consideraría como políticamente incorrecto. Estupideces ajenas aparte, Barrio Sésamo es y será siempre parte de la cultura universal y una marca de que sus entrañables y divertidísimos personajes funcionan.
¿Qué mejor estudio para llevar la labor de trasladar Barrio Sésamo a los videojuegos que Double Fine? Un estudio liderado por el incorregible Tim Schafer, uno de los últimos bastiones de la originalidad y del humor, que resulta ser el gran desaparecido de nuestra industria actual. Un hombre, que junto a su equipo plantearon una filosofía muy clara: “Un videojuego con nuestros valores de producción pero con el que podamos jugar con nuestros hijos más pequeños”.
Ya os vaticinamos que lo han conseguido. Barrio Sésamo: Érase una vez un Monstruo es un genial producto enfocado para niños de tres a seis años, para jugar en familia, para aprender y reírse. Sin más. Buscan ese fin y lo consiguen con creces, puesto que un niño más grande considerará algunas mecánicas demasiado fáciles y un adulto disfrutará por rememorar su infancia con la serie de TV, pero si no es con su hijo poco alicientes encontrará.
Jugabilidad: Un libro de monstruos, que no está hecho de galletas
Elmo y Triki (El Monstruo de las Galletas) empiezan en una cómica cinemática la historia de esta aventura. Elmo, que reconoce no saber leer y contemplar los libros que lleva por las ilustraciones, muestra a Triki el libro de “Érase una vez los Monstruos” y el conocido devorador de galletas jalea que es uno de sus libros favoritos. Lo abren pues y empieza la historieta que seguirá el título jugablemente capítulo a capítulo.
Se convierte esta experiencia de Kinect en un capítulo de televisión interactivo, si habéis comprobado que vuestros hijos o sobrinos más de una vez emulan los gestos y piruetas de los personajes en televisión, ahora tendrán una excusa y una diversión para recrearlos. Cada capítulo presenta una temática: ir a una Fiesta de cumpleaños de disfraces de monstruos o salvar el jardín de las malas hierbas de una “monstrua”. Hubiera sido lo suyo que pudiéramos visitar cada capítulo por nuestra cuenta y no tener que visitar en orden cronológico. Como cuento tiene sentido, pero a nivel jugable se hubiera agradecido.
Los menús y la integración entre ellos son realmente simples, pues empezamos cada capítulo extendiendo las flechas del libro, como si se tratase de uno de esos desplegables 3D. Pasamos página, para ver los pequeños actos de cada capítulo con un simple gesto de la mano y así sucesivamente.
Dentro de los capítulos es fácil encontrarse cada uno de los minijuegos que hemos visto una y otra vez en títulos de Kinect: emular pasos de baile, mover los brazos como si estuviéramos volando, hacer determinados gestos para coger piñatas en una carrera de monstruos automática, lanzamientos de objetos (semillas, en este caso), elegir diferentes prendas para vestir a los monstruos, o emular una especie de Guitar Hero en una batería algo especial. El uso de Kinect es muy permisivo y el margen de error de algunas de las poses más que considerable para que cualquiera, sin excesivo esfuerzo pueda obtener las cinco estrellas de cada nivel.
Hay mucha variedad y también mucha sencillez pero todo se tiene que ver con el prisma del niño pequeño al que va dirigido. Si jugáis como adultos y en solitario el título no ofrece ningún reto, ni ninguna novedad jugable con Kinect. Si quieres hacer deporte te coges Your Shape Fitness Evolved en vez de hacerlo con monstruos, y si quieres bailar te coges Dance Central 2. No hay que ser demasiado listo para llegar a esa conclusión. Pero como juego en familia, como experiencia destinada a chavalines es una pequeña maravilla muy bien hilvanada con los minijuegos (lástima que algunos se repitan) y las pequeñas cinemáticas entre cada uno de ellos.
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