Hoy en día comprar un portátil ya no es tarea fácil. Antes la cosa era sencilla, trazábamos un plan de nuestras necesidades y simplemente buscábamos un equipo que se aproximase a ellas lo más posible dentro del presupuesto que tuviésemos. Esto ha cambiado radicalmente. A día de hoy decir “portátil” se ha convertido en un concepto tan ambiguo, tan matizable como para casi desterrar la palabra madre y comenzar a usar los nuevos vocablos que se ajusten mejor a lo que buscamos. “Ultrabook”, “Netbook”, “Gamerbook”, “Notebook”... Todos ellos se parecen pero, ¿cuál es exactamente el que necesitamos?. Olvidemos las palabras porque el único ordenador “transportable” que vamos a necesitar no entra en ninguna de estas categorías ni falta que le hace. Saludemos al Mountain F-11 Ivy.
Aspecto
La primera impresión en el caso de este equipo mayúsculo de Mountain, desde luego probablemente no sea la correcta. En un primer vistazo el F-11 nos dará la imagen de estar ante un Netbook, uno de esos pequeños portátiles eunucos con unas capacidades realmente limitadas a los usos más básicos. Pues bien, nada más lejos de la realidad, pero no adelantemos acontecimientos, estamos hablando del aspecto exterior. El F-11 se guarda para sus adentros sus más que excepcionales cualidades y nos ofrece a priori un exterior austero y sobrio.

Con una carcasa en tonos oscuros y una composición de plástico mate, queda claro que su objetivo no es entrar por los ojos. Probablemente nunca nos fijaríamos en él en la estantería de una tienda de electrónica y, aunque esto es realmente irrelevante, parece que el diseño se ha convertido en un factor primordial a la hora de elegir nuestros gadgets. Pues bien, si nos dejamos llevar por nuestro cerebro en lugar de por los ojos, en este caso acertaremos. Hay que decir que resulta cierto que se podría haber puesto algo más de esmero en el aspecto externo, pero es igualmente verdad que quien llegue a conocer a esta bestia con piel de cordero, le dará igual cómo sea por fuera más pronto que tarde.
Hemos de hacernos cargo a partir de este momento que el F-11 es un portátil pequeño de sólo 11 pulgadas y con unas medidas y peso a todas luces de Netbook. De hecho, con 287x207x37.1mm es pequeño incluso para estos estándares. El peso es de unos 1,8kg, bastante para su reducido tamaño, pero aún así muy ajustado para la potencia que atesora y, desde luego, en un excelente umbral de portabilidad. El acabado externo es una especie de plástico rugerizado, con un tacto agradable y muy buen grip. Una vez abierto cabe mencionar que el acabado del teclado es un poco carente y se nota el impreso de las teclas que resalta y parece poco perdurable, aunque esto es una apreciación personal.
El pulsado es cómodo y blando, bastante bueno para ser de tipo membrana. Sobre la pantalla podemos ver la cámara de 1,3 mp para conferencia y el marco en general resulta delgado, optimizando muy bien el tamaño. Una de las pegas, es que el F-11 apenas tiene controles externos y tendremos que acudir a las teclas de función para cualquier comando que queramos ejecutar. Un pequeño “pero” a lo que en general es una construcción bien ejecutada y robusta. Por último, el cargador es quizá demasiado grande y pesado, pero habida cuenta la bestia que hay que alimentar, se entiende perfectamente.
Hardware
Desde el principio del análisis, teníamos ganas de llegar a este apartado porque es menester indicar que el F-11 no es que sea una buena opción, sino que probablemente sea la única disponible si lo que necesitamos es un equipo de estas características. Para empezar el corazón del F-11 ivy es un procesador Intel Core i7-3612QM de 22nm, 2,10GHz con 6MB de cache y ultra bajo consumo. Todo un núcleo de equipo sobremesa embebido en las cortas dimensiones de este dispositivo. Hay que remarcar que este i7, ya porta la tercera tecnología de Intel, Ivy bridge, la re-evolución de lo que fue Sandy bridge, todo un giro de tuerca al sector que mejoró mucho las capacidades de los tope de gama de Intel. Acompañando al procesador, encontramos las 8GB de memoria RAM DDR3 de doble canal a 1600 Mhz. Hay que dejar claro que estamos dando especificaciones del equipo de serie, lo cual es aún más meritorio.

Seguimos con uno de los mejores activos del F-11 ivy y no es otro que el disco duro SSD de 128GB que, sencillamente, ha pulverizado los tests de velocidad a los que lo hemos sometido. Toda una garantía de premura para nuestro ordenador y que realmente funciona a las mil maravillas. Para hacernos una idea, arrancar desde cero suele costar unos 15 segundos. Continuar desde hibernación resulta virtualmente instantáneo. En serio que Windows 7 parece otro empujado por estos nuevos discos sólidos. Por desgracia los 128GB de serie pueden ser algo escasos y la configuración con 256GB que es la que hemos probado, se nos antoja la mejor a día de hoy.
Por si todo esto fuera poco, el remate final de este equipazo llega con su sobresaliente tarjeta gráfica. Por encima de las habituales placas con gráficas integradas y memoria compartida, en Mountain han optado por toda una Nvidia GeForce GT 650M con nada menos que 2GB de memoria GDDR3 dedicada. Un dispositivo de ordenador “gamer” medio/alto en un portátil de menos de 2kg. Las pruebas que hemos realizado han sido muy esperanzadoras y ha conseguido correr en calidad alta/ultra la gran mayoría de los retos que le hemos puesto como StarCraft 2, Battlefield 3, The Secret World o World of Warcraft. En todos ellos la tasa de frames por segundo difícilmente ha bajado de los 30-40.
Si preferimos usar una configuración más enfocada a la autonomía, podemos usar la otra tarjeta gráfica que el F-11 porta, una HD 3000 de Intel, bastante menos potente pero con un consumo bastante menor. Sorprendentemente y en contra de los que muchos pensarán, el F-11 ivy no se transforma en una supertostadora gigante cuando lo exprimimos. Su sistema disipador es muy eficiente y silencioso, y hasta cuando usamos juegos o programas muy exigentes su temperatura es contenida (aunque obviamente aumenta).
En cuanto a ruido, esta pequeña bestia de Mountain es tremendamente silencioso cuando no hacemos uso de juegos, gracias en parte al citado disco duro SSD, pasando casi inadvertido. Cuando ejecutamos algún videojuego el ruido aumenta y los ventiladores empiezan a funcionar, pero aún así es bastante comedido en todo momento. Para terminar con este apartado, la batería de 6 celdas de ion Litio cumplirá perfectamente para un uso normal. En el momento en que tiremos de gráfica Nvidia o alta exigencia del procesador, la duración se ve drásticamente acortada pero ese es el coste que deberemos pagar. En uso normal (navegación web con WiFi activada) durará unas 4-5 horas, mientras que si nos ponemos a jugar la autonomía se reducirá a 1-1,5 horas aproximadamente. |