Damien: El Videojuego. Lo llegan a llamar así y quizá hasta hubieran conseguido más éxito o renombre, claro que habrían tenido que pagar derechos, adaptar la famosa película La Profecía y etcétera. Pero Lucius, este híbrido de aventura gráfica en tercera persona, va de eso: un niño que es el Anticristo y que se dedica a conseguirle almas a su amado y queridísimo papá Lucifer. Al fin y al cabo, ¿quién va a sospechar de un renacuajo de seis años?
Si no llega a ser por FX…
No nos cansaremos de decirlo: casi cada juego de FX Interactive debería ser comprado sí o sí independientemente de su calidad. ¿Motivo? Trabajan demasiado sus ediciones, vaya a tener mucha tirada o no, para que no reciban un reconocimiento por su trabajo. Lucius, y vamos directos al grano, es un quiero y no puedo con un par de buenas ideas y una ejecución un tanto desastrosa que echa por tierra lo que podría haber sido una obra imprescindible. Se deja jugar y, por supuesto, consta de una ambientación que le salva de algunos errores, pero es obvio que el jugador lo digerirá muchísimo mejor gracias a la localización y, en especial, al doblaje.
Pero entrando en faena hay que aclarar que el estudio Shiver Games ha sabido a qué dirección mirar y en dónde inspirarse. No les tiembla el pulso en basarse casi íntegramente en la película La Profecía y representar a un anticristo que, supuestamente, es hijo de un acaudalado político y una madre algo ida de la olla. La representación del contexto (el niño nació el 6 del 6 de 1966 y el juego se inicia en su sexto cumpleaños) es directa y con estilo. Es el propio Lucifer el que se presenta y nos pide alimentarlo a base de almas, que eso de los juguetes se acabó y que toca ponerse a trabajar.
Es decir, la religión y su obsesión por los niños, pero en este caso desde el punto de vista del diablo y no de los curas. Lucifer se dedica a sobreexplotar al pobre – o no – Lucius, y su primer encargo es asesinar a una criada cerrando el gran congelador cuando ella está dentro, poniendo un candado a la puerta y bajando la temperatura lo máximo posible. Así, tal cual, primera víctima que nos cobramos y sólo es el tutorial. A partir de ahí cada víctima será un puzle por sí sólo. Deberemos estudiar el entorno, observar con qué matarlo y proceder a ello con los diferentes objetos que pueblan la inmensa mansión – con decenas de emplazamientos distintos –.
Ese concepto de investigación, de que la mansión va mutando según si es de día, tarde o noche, según si hay tormenta o no, según si la policía anda investigando los “misteriosos accidentes” o según si criadas, mecánicos o familiares pueblan sus diferentes estancias con frases o comentarios distintos. Hay para dar y tomar, desde el manitas borracho que hace todos los encargos y arreglos (doblado por la impagable voz de Homer Simpson), hasta la adoradora de crucifijos y demás símbolos religiosos (los cuales, por cierto, nos marearán y turbarán).
El problema es que todo ese trasfondo bastante bien presentado se da de bruces con una narrativa demasiado intermitente, que no consigue enganchar al jugador y que encima se topa con unos personajes secundarios que, aunque parecen vivos, están demasiado muertos; y no, no es ninguna metáfora sobre su inmediato destino.
Más de idea que de juego
La idea de Lucius sobre el papel debía ser francamente buena: encarnar a un chico que dada su incapacidad para utilizar su fuerza o diferentes armas ha de ser ingenioso a la par que macabro para robar la vida de todos los que le rodean. Así pues además de su tenebroso cerebro también contará con diferentes poderes como telequinesis o la capacidad de prender fuego a diferentes objetos. Dos pequeños alicientes que no se aprovechan ni se desarrollan lo suficiente.
Para empezar el control es algo tosco y no demasiado bueno para interactuar con los múltiples elementos. Podremos encender luces, apropiarnos de casi todo lo interactuable del escenario, romper jarrones, abrir cajones y armarios, sacar los zapatos, coger cepillos y lavarnos los dientes… las posibilidades son numerosas pero en el fondo vacías: solo sirven para ambientar. Cada asesinato es un puzle en sí, y lo peor de todo es que la aparente libertad de interacción inicial choca de pleno con el hecho de que los asesinatos sólo pueden ejecutarse de una manera en concreto.
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Es decir, ese pobre borracho sólo podrá morir con la caída de un piano encima. Te lo venden así, es demasiado obvio y el jugador sólo tendrá que encontrar las herramientas para encajar las piezas en ese estipulado orden. Poseemos un diario que nos va aconsejando, pero a veces o es demasiado difuso o demasiado obvio. También habrá asesinatos con telequinesia, en los que deberemos romper un objeto para que nuestra victima vaya a cambiarlo y cuando esté en ello activar algún que otro mecanismo para que acabe con él (lo de mecanismo lo hemos dejado tal cual para no desvelaros de qué se trata en realidad).
El mayor reto de Lucius es que en ocasiones tendremos que llevar a cabo las muertes y las interacciones de manera sigilosa, sin que nos vean. Estar atentos a que no pase nadie forma parte del juego, de la misma manera que deberemos llevar tareas como recoger nuestra habitación o lavarnos los dientes para actuar como un buen niño que no levanta sospechas. Es una pena porque esos pequeños detalles, al igual que el de algunas muertes, son francamente lúcidos, de la misma manera que lo son los poderes. Pero todo ese potencial se va por el sumidero, dejando una sensación agridulce al espectador.
Gráficos
De lejos el apartado más olvidable y discreto de todo el título. La ausencia de calidad en las animaciones de las cinemáticas se suma a un detalle de personaje y escenarios más que discreto. Es una pena porque en cuanto a ambientación y guión había muchos elementos para presentar un apartado formidable y talentoso. No es que fuera necesario la calidad de un Amnesia, pero sí algo más de carisma visual. Además, no es ya que las animaciones sean escuetas y parcas, es que la dirección, enfoques y cámara brilla también por su ausencia, repercutiendo en la historia que quieren contar, pues en más de una ocasión cae en lo ridículo.
Música/Sonido
Al menos la banda sonora está donde ha de estar: ayudando a crear un clima que pretende generar un desasosiego en el espectador. Hay calidad y mucha inspiración de La Profecía. Por supuesto no faltan ciertos coros e instrumentos de cuerda para dar el toque puntilloso y sorpresivo en algunos instantes.
Edición Española
Nos quitamos el sombrero de nuevo ante FX Interactive: 20€, completamente doblado y con voces como la de Luis Bajo o Carlos Ysbert (Homer Simpson) completan un plantel que ya oímos en parte en Take on Helicopters. Nos volvemos a quitar el sombrero, no sabéis hasta qué punto es loable y aplaudible el trabajo que hace esta editora por cuidar el producto español. Da igual que sea un imprescindible como La Fuga de Deponia o un título de menor calidad como este Lucius: cuidan ambos por igual. Eso tiene un mérito innegable que cualquier usuario debería valorar.
Conclusión
Ni aventura gráfica, ni investigación en tercera persona, ni demasiado terror. Lucius es una fantástica idea muy deslucida por una serie de errores claramente generados por la falta de presupuesto y/o tiempo. Representar la temática de la película La Profecía y dar el protagonismo a un niño que ha de alimentar a su padre Lucifer con asesinatos elaborados es un caramelo francamente atractivo. Unas cinemáticas olvidables y de baja calidad no ayudan a adentrar al espectador, además que los puzles están demasiado encorsetados. Por suerte la fantástica edición de FX Interactive, como siempre, hará que la obra sea más digerible y llevadera.
Lo mejor: La idea de controlar a un particular Damien, llamado Lucius. Algunos asesinatos muy ingeniosos. La edición de FX Interactive, como siempre, de lujo.
Lo peor: Apartado audiovisual tremendamente discreto y olvidable. Puzles encorsetados. La interacción con el escenario no siempre funciona como debería.
Historia: 8
Jugabilidad: 6,5
Multijugador: --
Gráficos: 5
Música/Sonido: 7.5
Edición Española: 9

Alternativas:
Enlaces recomendados:
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