Mención especial a un enemigo tremendo de los Luminosos. Una auténtica mole, al que llaman “Tanque” que es seis veces más grande que el típico Boomer Locust que conocíais hasta ahora. Una auténtica máquina de matar que lanza bolas enormes de fuego (con parábola, por lo que aunque estés en cobertura te puedan dar) y extiende un brazo que en dificultad Elevada te deja a gatas de sólo un toque. Luego una especie de abejorro cabezón que vuela disparando y, cuando se vence, cae al suelo creando una gran explosión. Imaginad pues, una escena con varios Tanques, unos cuantos voladores y los clásicos y coñazos Tickers o Infames (los pequeños saltarines que se lanzan a tu cuello).
Por supuesto se mantienen los Locust de siempre, desde los drones (francotirador, granadero y demás) hasta los Boomer, que estrenan un nuevo bicharraco con una espada gigante de casi dos metros de largo. Pero el que se lleva la palma, el enemigo más molesto y que odiaréis con toda vuestra alma (sobre todo en Locura) es el Seraphin. No os daremos más detalles salvo que es un híbrido entre el Kantus (el general Locust que resucitaba a sus compañeros) y Sonic (la mascota de SEGA). Ahí os lo dejamos y de verdad que lo odiaréis y disfrutaréis en más de una ocasión. Mención especial, también, a un nuevo enemigo catapulta o a otros nuevos visitantes que vale la pena que descubráis, pues GoW3 tiene sorpresas para todos. Por cierto, vuelve el molesto Berserker de Gears of War, pero mejor que descubráis por vosotros mismos su espectacular presentación.
Las armas justas, para no perder el equilibrio
En cuanto a las armas Epic se ha mostrado un tanto conservadora, quizá para no descompensar el multijugador, ya que añadir muchas nuevas desequilibraría el juego en línea. Por lo tanto la campaña recibe 5 nuevas protagonistas, como son el One-Shot (un francotirador para mancos, pues acierta sí o sí y revienta a cualquier enemigo de un solo disparo), la escopeta recortada, la granada incendiaria o el Lancer Retro (una especie de fusil bayoneta). Los Locust también reciben su parte con el lanzagranadas excavador, que puede pasar por debajo de las coberturas y explotar saliendo al aire.
La sorpresa más gratificante es el añadido del Silverback, un exoesqueleto militar que puede lanzar grandes ráfagas con su ametralladora giratoria mientras se mueve, o asentarse y quedarse estático para lanzar misiles. Es ágil, divertido, práctico y se puede utilizar en momentos apasionantes de esos en los que sólo se busca la sensación de placer de destruir absolutamente todo. También hay pequeños momentos en los que tendremos que llevar una especie de montacargas (al estilo del que utiliza la teniente Ripley en Aliens) para transportar una serie de objetos necesarios y pesados en varias misiones.
Echamos de menos un mayor uso del Mortero en la campaña, pero al reflexionar sobre ese aspecto uno se percata que realmente las grandes armas se utilizan pocas veces a lo largo del título, porque es tal la variedad de situaciones y momentos, que siempre estaremos o con un mortero, o con un lanzagranadas, o con una torreta estática o demás. No hay niveles en los que claramente debamos utilizar un arma u otra en concreto, sino que nosotros elegimos. Mención especial a una nueva ametralladora en la que nosotros llevamos el potente cañón y un compañero nuestro lleva el cargador de munición. Simplemente bestial.
Jugabilidad: Epicidad vía intravenosa
¿Os acordáis del final de Gears of War? ¿Os acordáis lo mucho que lo llegasteis a odiar por su dificultad? ¿Os acordáis la decepción que supuso el incomprensible final de Gears of War 2? Pues bien, estad de enhorabuena porque el final de Gears of War 3 es sencillamente apoteósico. Y diréis, ¿por qué nos dices esto y empiezas la casa por el final? Pues bien sencillo: el final sólo es el resumen de todo el camino que nos ha llevado hasta ese instante.
Gears of War 3 está repleto de situaciones épicas. Está cargado de momentos bestiales, anestesiantes y fabulosos de principio a fin. Hay un momento en el que Cole Train se luce por sus viejos tiempos que es para aplaudir, hay otro instante en el que debemos defender un fuerte al más puro estilo de la Batalla del Abismo de Helm de El Señor de los Anillos que os hará levantar de vuestro asiento. Hay una escena a través de una autopista que os dejará sin palabras y ya no hablemos de cuando os montéis en los diferentes “objetos” (y lo dejamos ahí) que surcan los aires. Os hemos puesto sólo unos pocos ejemplos de lo muchísimo que os vais a encontrar.
Gears of War 3 ha ganado en verticalidad e intensidad. Dosifica muchísimo mejor las pausas, da al jugador constantemente algo que llevarse a la boca sin que pierda el interés y mucho menos sienta que está disparando todo el rato a lo mismo. Ya sea por el diseño de escenarios o situaciones o cómo se mezclan los enemigos entre sí (dos Boomer bajando por unas escaleras con varios Tickers que te obligan a levantarte viniendo por los lados). Los momentos han ganado en multidireccionalidad y ahora no todo saldrá de frente, sino de los lados e incluso de atrás, y todo a la vez, viéndonos rodeados en más de una ocasión. Para colmo, el modo Elevada es más difícil que su homólogo de Gears of War 2. Y por cierto, avisados quedáis que aunque en Gears of War 2 pasarse el título sólo en Locura era algo asequible, en Gears of War 3 vais a sudar tanta tinta que hasta a Ryu Hayabusa le costaría.
Por último, a nosotros en Locura, y recogiendo la mitad de los objetos que hay por el escenario, lo que implica recorrérselos mínimamente, nos ha durado 10 horas y media exactas de reloj. Un tiempo que no refleja, ni por asomo, lo intenso que es la experiencia de Gears of War 3. Estamos, sin duda alguna, ante una de las mejores campañas en tercera persona de la generación. Pura adrenalina, pura acción de calidad y jugando solos, imaginad si lo hacéis a través de la otra piedra angular del título: el multijugador… |