La pasta con la que están hechos los juegos de PC es de un material que durante eones las consolas han sido incapaces de digerir: se atragantaban o directamente ni se lanzaban a la aventura de devorarla. Hitman fue una obra que nació bajo el paraguas de compatibles, mostrando un sigilo, calma y estrategia para afrontar las misiones que poco tenía que ver con el gatillo fácil y la pirotécnica que actualmente se ve con demasiada frecuencia tanto en PlayStation 3 como en Xbox 360. Hitman: Absolution no sólo es un honroso homenaje a toda su historia de PC, sino que es una obra mayúscula que hará crecer y abrir la mente al jugador que jamás se haya desprendido de una consola.
Nada así en consola... bueno sí, Dishonored
Las comparaciones son odiosas pero en este caso es para bien y a mucha honra de ambos: Hitman Absolution es a la tercera persona lo que Dishonored ha sido a la vista en primera. ¿Es necesario hacer esa referencia con una saga que ya se ha labrado el nombre y que no necesita arrimarse a la obra de Arkane Studios para que entre en vuestras mentes? No, en absoluto. Si los juntamos es sólo para celebrar lo tremendamente sano que es el hecho de que dos títulos cuya filosofía es ofrecer una experiencia para un solo jugador, en los que hay que estudiar el entorno y disfrutar de la estrategia y la libertad, hayan llegado en tan poco tiempo de margen.
Hitman: Blood Money fue un incomprendido de su tiempo, no sólo por salir entre dos aguas de la anterior generación y la actual, dejándonos con la miel en los labios con un final soberbio que aún perdura en la mente de todos aquellos que realmente se lo llegaron a pasar. Pero ahora IO Interactive ha cogido el toro por los cuernos y se ha pasado años gestando una obra que no sólo evolucione el fantástico diseño jugable del Agente 47, sino que introduzca cambios valientes, necesarios y que se ajustan a su estilo como lo hace el cable de nylon que utiliza el protagonista para acabar con sus víctimas.
Si disfrutáis con el tutorial, alucinaréis tremendamente con todo el resto del juego. Básicamente porque el tutorial es un jarro de agua fría tremendamente encorsetado que lleva de la mano al jugador con demasiada fuerza. Es un paso necesario, sobre todo en consola en el que jugadores que no sepan absorber la filosofía calmada que requiere Hitman puedan frustrar con prontitud, debido a que son numerosas las mecánicas a aprender: dejar inconsciente al enemigo, eliminarlo con estilo tirándolo por un barranco, esconder sus cuerpos, marcar sus cabezas para hacer tiroteos rápidos y directos. Todo cuenta.
Una vez superado este paso obligado descubriréis cómo Hitman Absolution despliega sus alas para volar alto, muy pero que muy alto. El concepto de Instinto, que sustituye al mapa de anteriores entregas, funciona como un guante complementando la jugabilidad y llevándola a otro nivel. Los escenarios están más estudiados, son más preciosos y directos, y el sistema de Desafíos es una genial idea para que los alicientes para volver a jugar un nivel sean tremendamente atractivos. Hitman Absolution es un título que se disfruta como un buen libro: con calma, sin prisas, disfrutando del paisaje y de cada paso, buscando hacer la misión perfecta en la que no seamos detectados.
Los veinte niveles que posee la campaña, subdivididos en varias partes, ofrecen más de quince horas de contenido (en la segunda dificultad del modo Profesional – Difícil, Experto, Purista –). Porque sí, nosotros lo hemos jugado como ha de ser un Hitman, en Experto y tardando lo que haga, sin ser descubiertos ni una sola vez, un ejercicio magnífico y excelente porque luego al rejugarlo en Normal hemos visto cuánto pierde el juego, mientras contamos las horas para poder volver a rejugarlo en Purista, la dificultad que mejor define a esta obra. Eso sí, si eres de los que no ha convivido con obras como System Shock, Thief, Deus Ex o los anteriores Hitman, lo suyo sería que lo empezaras en Normal.
El agente 47 contra su infierno personal
Un primer encargo de enjundia moral, una primera misión devastadora para la fina ética del Agenta 47: matar a la única persona que podía considerar amiga, a la única que le ha conocido desde siempre, a la única con la que ha crecido. El trabajo es el trabajo y por supuesto lo lleva a cabo, pero duda, recapacita y cuelga las pistolas para posicionarse en contra de la Agencia que lo vio nacer. Una diatriba moral que va cargada con un regalo sorpresa: una niña especial que ha de proteger.
La trama presenta los ingredientes con demasiada celeridad, rehuye del factor sorpresa y navega durante bastantes horas sin apenas avanzar y sin sorprender como lo hace en sus primeros niveles. El Agente 47 devuelve sus herramientas y ha de labrarse en solitario todo un camino que le lleve a vengarse, mientras acaba con un grupo de féminas dominatrix vestidas de monja y látex. A la trama le falta fuerza, pero eso no se convierte en un problema por la sencilla razón de que los personajes principales – no tanto los secundarios aunque también – son de un carisma que engancha. Magnéticos y personales, buen trabajo de IO Interactive.
La cosa no acaba ahí, cada misión, cada escenario, cada conversación tiene momentos impagables de humor y cinismo. Las conversaciones entre maleantes, entre el cliente de un hotel que recibe un rapapolvo por parte de un mafioso o hasta las vacilaciones de los demás personajes. Ejemplo: si te pones a correr como un loco por el Hall de un edificio plagado de gente, algún que otro maleante socarrón te soltará: “Ei! ¿Llegas tarde a una cita con tu madre o qué?”. Es un pequeño e ínfimo ejemplo, porque vaciladas y puntillas como esta las hay a toneladas y de muchísimo más nivel. |