Casualmente, dos de los mejores juegos “made in Spain” que hemos podido disfrutar este año han dado recientemente el salto de consola a PC. Hace unos días os hablábamos en detalle de Zack Zero, el recomendable título de acción y plataformas de Crocodile Entertainment, y hoy hacemos lo propio con el genial Deadlight, un oscuro y denso teatro de sombras que ha ideado el estudio madrileño Tequila Works bajo la producción de Microsoft. Al igual que ocurriera en su paso por Xbox Live, en Deadlight nos encontramos con una obra de contrastes, pues posee detalles francamente interesantes y de calidad en lo jugable, lo visual y lo narrativo, aunque por contra su talón de Aquiles lo topamos en su duración, pues a pesar de su innegable calidad y su característico sabor, se acaba pronto, muy pronto.
Gráficos
Ha sido una jugada soberbia la de Tequila Works, pues estamos convencidos que sin este apartado visual tan magnético y atrayente no se hubiera hablado lo que se hablado de Deadlight. Merecido se lo tienen, porque su obra es una constante mezcla de contrastes en la que se juega con la oscuridad del primer plano y el color (si se le puede llamar color a una Seattle desolada y destruida) del fondo. Tanto los bordes que delimitan los escenarios 2D como el propio protagonista siempre están en negro, como ya hacía Limbo. Pero esa constante permite jugar con la narrativa, pues es impagable los momentos en los que Wayne está detallado y le podemos ver el cuerpo y el rostro, dando a entender que lo que estamos viendo es suficientemente importante como para no tenerlo sumido en sombras.
Vehículos destruidos y ladeados, vallas metálicas caídas, decenas de construcciones entreabiertas y destruidas, barricadas, humo, llamas… la puesta en escena es sobrecogedora y se apoya francamente bien gracias al uso del negro y los planos que ocultan aquello que no hay que ver hasta que los desarrolladores quieren enseñártelo. El uso de las cámaras es magistral y, pese a algunos errores en los que el personaje no se agarra bien a alguna que otra plataforma, hemos de reconocer que Deadlight está animado con mucho estilo. No podemos tampoco dejar de citar las cinemáticas, bordadas en un 2D con un dibujo que recuerda mucho a la sencillez, pero a la vez con gran carga dramática, de The Walking Dead.
Sin demasiados alardes, el port se ha trabajado lo suficiente para presentar una experiencia agradable en PC. El título permite configurar la calidad general (a través de una simple barra que va de menos a más) junto con la resolución y la activación del Vsync; y con todo al máximo se aprecia un mejor acabado, con bordes más suaves, que lo que vimos meses atrás en Xbox 360. No hay un salto realmente remarcable en lo técnico, pero como decimos tampoco lo necesita, pues su mayor pilar está en lo artístico. Respecto al rendimiento, en nuestro equipo habitual de pruebas (procesador Intel Quad Core Q6600, 4GB de RAM y una ATI Radeon HD 7850 sobre Windows 7) el título se ejecutaba, al máximo de detalle y resolución 1440x900, al tope de 30 frames por segundo. Es una pena que no permita superar esa tasa, pero a su favor también hay que decir que esos 30 fps los mantenía estables en todo momento.
No es una simple trama de zombis...
Dejando de lado el apartado técnico, esta versión PC que hoy analizamos presenta exactamente el mismo contenido que lo visto en la de Xbox 360. Así pues, no nos encontramos ante una trama de zombis o de acción, sino más bien una historia psicológica, de temor, de crudeza y sacrificios. Una historia en la que para sobrevivir hay que dejar de lado, en muchas ocasiones, el humanismo hasta tal punto de dinamitar todo lo que comúnmente conocemos como derechos humanos, civilización o sociedad. La obra de Tequila Works guarda algunas semejanzas con The Walking Dead (el cómic, no la serie de TV), pero sobre todo porque el videojuego contiene detalles dramáticos que es mejor conocer por uno mismo cuando se experimenta.
Porque haceros a la idea: Deadlight golpea con fuerza. Consigue compungir el corazón, consigue dejarnos atónitos ante la pantalla con algún que otro giro de guión, con las frases del protagonista o con la recreación de un mundo más que desolado por la acción de “las sombras” (como llama el juego a los zombis): desolado y destruido por el propio ser humano. Hay crítica, hay incisión con estilo y sutileza a los verdaderos monstruos, a aquellos que sin leyes, ni orden, ni nada que temer o perder se dedican, por placer o pura maldad, a reventar cuanto hay a su alrededor. Es un recurso muy utilizado en cualquier propuesta audiovisual relacionada con zombis, pero aquí adquiere un sabor un tanto especial.
Una ciudad de Seattle totalmente destruida víctima del ataque zombi y de los propios seres humanos es el marco de esta aventura. La búsqueda de Wayne nos sirve de nexo, de meta constante a la que aferrarse y seguir, mientras los flashbacks (impagable su puesta en escena) nos golpean. Wayne es un narrador omnipresente, constantemente habla solo y reflexiona, poniéndonos en situación gracias a sus pensamientos. Cuando se pregunta y cuestiona cosas nos va explicando lo que ha sucedido, quiénes son los malos bajo su punto de vista o incluso a dónde nos tenemos que fijar en pantalla.
Los tres actos jugables de Deadlight bordan el concepto narrativo de Introducción-Nudo-Desenlace. Están perfectamente delimitados y se nota cuando el primer acto sirve como toma de contacto jugable y del arco argumental de Wayne. El nudo/2º acto es el que nos enseña que bajo el manto oscuro de ese mundo hay más, mucho más de lo que aparenta. El final sorprende, se ve venir, pero sorprende a fin de cuentas y nos deja con el regusto de querer más cuando más interesante estaba. Pero según dicen, siempre es mejor retirarse en la cima. Lo que es obvio es que las tres horas que dura aproximadamente atrapan gracias a un guión efectivo y directo que sabe manejar múltiples sutilezas y detalles verdaderamente crudos. Pero claro, son tres horas. |