Los juegos independientes y el catálogo de títulos de las plataformas de descarga digital nos siguen sorprendiendo una y otra vez. Es uno de los descubrimientos más gratos de esta generación y eso se confirma con cientos de lanzamientos, incluso de géneros idénticos, que tienen mucho que aportar sean o no innovadores. Hace escasos días salió al mercado Orcs Must Die!, un título basado en el concepto de “defensa de torres”, y ahora toca el turno de analizar Dungeon Defenders, que se basa en el mismo estilo pero con planteamientos muy distintos, un concepto estratégico en el que profundizar y una vertiente multijugador apasionante.
Defiéndete lo mejor que puedas
Trendy Entertainment, sin comerlo ni beberlo ha conseguido en escasos días un fabuloso éxito gracias a su última obra. Centrados en títulos de móviles, decidieron dar el salto a las plataformas de descarga digital y el resultado es un tanto atípico y hasta sorprendente. Dungeon Defenders en las primeras horas, y más si jugáis en solitario, parece tosco, poco atractivo, sin detalles interesantes y hasta aburrido. El control no parece el mejor, las opciones parecen escasas y hasta que no nos equivocamos no sabemos a ciencia cierta cómo realizar tal o cual acción. Pero algo llama desde la lejanía, una pequeña luz que nos atrae y que poco a poco se va descubriendo; algo así como si la sala de espera a un magnífico palacio fuese una cochambrosa y sucia habitación.
Como ya hemos dicho, Dungeon Defenders se asienta en el género de “Defensa de Torres” en el que en un mapa determinado tenemos que aguantar la embestida de decenas de enemigos a través de estructuras de defensa y ataques especiales de, en este caso, cuatro tipos de personajes distintos: un escudero, un monje, un aprendiz de mago y una cazadora. Las fases del juego están claramente diferenciadas teniendo un momento para la construcción de las defensas, otra para la lucha y otra fase, o antesala, en la que reunirse en una taberna para contemplar los trofeos, preparar la estrategia con otros compañeros, comprar o vender objetos y equipar a nuestro personaje.
La historia nos sitúa en el mundo de Etheria, en el que varias leyendas vivientes derrotaron hace tiempo a los Brave Warriors, encerrándolos en un cristal de poder y así conseguir la paz en el fantástico mundo. La paz se mantiene, pero el mal sigue acechando en diferentes partes así que las leyendas deben partir dejando a cargo de sus hijos la defensa de los vitales cristales. Lo surrealista es que a esos chavales, contentos de que sus padres les hayan otorgado tal encargo, no se les ocurre otra cosa que celebrar con una buena fiesta su misión. Tal es su mala suerte que en medio de la jarana rompen el cristal desatando a un gran número de enemigos que volverán a la carga. Ahora su misión consistirá en proteger los cristales de las diferentes oleadas de enemigos.
He aquí una historia que, obviamente, es una excusa para dar sentido a los mapeados y escenarios que iremos visitando. Al menos se agradece que la premisa tenga un punto de humor y que la caracterización del estilo de las cinemáticas, con un estilo de acuarela y anime bien dibujado, sea bien entendible (ya que el título viene en completo inglés). Lo que debéis saber de Dungeon Defenders es que es un título claramente enfocado al multijugador, al cooperativo concretamente. Pero eso lo veréis a continuación.
Jugabilidad
La partida empieza situándonos en un escenario en el que varios portalones confluyen, a través de unos pequeños caminos y escaleras hacia el cristal que debemos proteger. Un correcto tutorial nos pone al día de las dos fases más diferenciadas de la jugabilidad: la de construcción y la de defensa o batalla. Lo que hay que tener claro es que, y salvando las distancias, Dungeon Defenders es una especie de Left 4 Dead. Es decir, se puede jugar en solitario pero es un título claramente enfocado para jugar en grupo. Decimos esto porque la dificultad y el desafío de algunas misiones en más de una ocasión son demasiado elevados para un único jugador.
En la fase de construcción deberemos colocar alguna de las cinco torretas de defensa que disponemos (no todas están disponibles, algunas se desbloquearán a medida que subamos de nivel), consistentes en una barrera de pinchos, una torreta giratoria con cuchillas, una pequeña catapulta, un lanzador de arpones y un pequeño mecanismo que al rotar empujará a los enemigos mientras les hace daño. Las posibilidades, en cuanto a mecanismos, pueden parecer a priori escasas, pero en combinación con otros jugadores y los poderes de ataque de cada personaje, se compensa. Eso sí, no hubiera estado de más añadir más tipo de defensas físicas.
Las defensas se construyen invirtiendo maná, que es la moneda de cambio para todo (vestimentas, armas, defensas, etc.). Cada enemigo soltará pequeñas gemas de color azul y cada defensa necesitará de diferentes cantidades de maná, el cual tendrá un límite que tendremos que ir subiendo a medida que aumentemos nuestro nivel. También hay cofres repartidos por el escenario que nos otorgarán diferentes armas o armaduras y gemas de maná. La colocación de las defensas es asequible y muy fácil con el mando, habiendo conseguido una forma que se adapta a la perfección a dicho control.
En el plano de batalla, tendremos a nuestra disposición ataques especiales para cada tipo de personaje. El escudero, por ejemplo, irá armado con una espada que podrá girar dando vueltas sobre sí mismo consumiendo, eso sí, maná. Con la espada podemos defendernos y atacar, pero sabe mal que el sistema de combate sea algo tosco y muy poco fluido, molestando el sistema de focalización de los enemigos que a veces nos jugará una mala pasada. Se agradece que en los portalones de acceso se señale el número y tipo de enemigos que aparecerán, pues eso nos permitirá hacer un cálculo aproximado del tipo de defensa que necesitaremos. Los enemigos son bastante variados, habiendo tanques de gran lentitud y capacidad de ataque, elfos arqueros molestos y escurridizos o pequeños goblins que atacan en numerosos grupos. |