Siempre es de agradecer que se reediten a consola títulos del pasado que tuvieron su momento en PC o en recreativa. Son muchas las experiencias que están teniendo una segunda oportunidad a través de PlayStation Network e Xbox Live, pero también en Wii. En este caso hablamos de una reedición de una aventura gráfica que en 2004 apareció en PC. Mientras The Longest Journey o Myst seguían demostrando que lo de “la muerte de las aventuras gráficas” no era más que un prejuicio, aparecía tímidamente un correcto e interesante Sherlock Holmes. Ahora nos llega a Wii con demasiadas cosas idénticas y algunos cambios a peor, pero conservando su trama y el halo de misterio de los capítulos y novelas del famoso detective.
Un título destacable lastrado en su traslado a consola
En su día El Pendiente de Plata fue un gustoso aperitivo que poder llevarse a la boca en el algo escaso buffet de las aventuras gráficas de PC. Poniéndonos en la piel de Sherlock Holmes asistíamos a un episodio en el que realmente nada era lo que aparentaba y en el que asistir a las pesquisas del detective, y su fiel acompañante Watson, suplía la falta de interacción por parte del jugador y algún que otro error en su concepción. Pero la trama, sobre todo en su inicio, y los elaborados personajes bien compensaban la labor de adentrarse más y más en el juego.
Aprovechando la excusa de que el Wiimote puede funcionar como puntero a alguien se le debió ocurrir la idea de trasladar esta aventura a Wii, pese a que el público de este tipo de género no parezca que abunde mucho por la plataforma de Nintendo (y eso que han salido obras como Sam & Max, Runaway o Agatha Christie). Dicho y hecho, pero los resultados francamente han sido cuestionables, además de que si el apartado gráfico no era para tirar cohetes en su día, no os queremos decir lo supone en pleno 2011. No obstante, el acabado visual es el menor de sus problemas, ya que si la historia y la jugabilidad atrapan, el que esté logrado técnica o gráficamente carece de una excesiva relevancia.
La historia nos sitúa en 1897 con un Sherlock Holmes que es invitado a una fiesta de cumpleaños organizada por el supuestamente negociante sin escrúpulos Sir Melvyn Brombsy. Al parecer, celebra el décimo octavo aniversario de su hija Lavinia, pero pronto ya asistimos a las pesquisas de Holmes, pues se extraña que para una fiesta de ese estilo se haya invitado a tantos hombres de negocios, militares y por supuesto, prostitutas. Sólo en los primeros minutos ya asistimos a un excitante monólogo deductivo que atrapa al jugador, para, sin mediar palabra, asistir a un trágico asesinato en la sala.
La cámara nos enfoca a una de las asistentes, y de gran relación con el asesinado, pero está claro que es un detalle demasiado obvio, demasiado claro y más siendo Sherlock Holmes uno piensa que no, que tiene que haber muchísimo más. Así es, la enmarañada trama nos lleva a través de cinco episodios, divididos en cinco días, con una serie de personajes a cual más perspicaz, malévolo o teatrero. En cualquier momento cualquiera puede ser el asesino y más de una vez sorprende el nivel intelectual de cada uno de los asistentes.
Jugabilidad
Mientras que el guión mantiene el interés durante prácticamente todo el juego, el plano jugable se desinfla en determinados aspectos. El jugador es más un espectador que un elemento determinante en la resolución del caso, ya que siempre será el detective el que vaya unos cuantos pasos por delante de la resolución del asesinato. Nuestra misión, pues, es interrogar a absolutamente todos los miembros de la gran mansión y recoger el máximo de pistas posibles repartidas por todo el escenario.
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Las preguntas a los sospechosos dejan un sabor agridulce ya que no hay interrogatorio, ni posibilidad de forzar o ir más allá a los supuestamente implicados. Simplemente vamos preguntando, recogiendo su información y luego ya hilaremos cabos. Al principio, el buscar pistas abrumará a más de un usuario ya que nada parece tener sentido y cuesta relacionar por nuestra propia cuenta para que sirve cada detalle. Pero se ha tenido el buen gesto de añadir un diario con absolutamente todas las conversaciones e informaciones que obtenemos, para así poderlo revisar más tarde (y ya os aseguramos que abusaréis de ello).
Estamos ante un juego muy fácil en su superficie, ya que al tener cámaras fijas en cada instancia es relativamente fácil encontrar cada una de las pistas. No obstante, de vez en cuando asistiremos a una serie de puzles e incluso cuestionarios que pondrán a prueba tanto nuestro ingenio como nuestra memoria. No son nada del otro mundo y encima parecen poco integrados en el contexto de toda la trama. Es decir, parece que estén puestos porque es un videojuego y hay que resolver un puzle, no porque Sherlock Holmes lo requiera realmente.
Lo que sí pesa notablemente sobre el juego es su control. El “point and click” de PC se manejaba con soltura, mostrando unos iconos de pasos cuando podíamos andar a cierto punto o unos iconos de interacción cuando podríamos hablar con un sospechoso/invitado o recoger un objeto. El tema es que mientras con el ratón ese proceso era cómodo y fluido, con el Wiimote se hace frustrante en más de una ocasión. Atinar a algo tan sencillo como un pequeño bolso bajo la cama, dado lo minúsculo que son los pixeles interactivos, será una tarea que se vuelve en tediosa cuando ni siquiera tendría que ser tarea.
También hay otros aspectos como los desplazamientos absurdos, ya que en un mismo plano fijo aparecerá la silueta de los pasos en determinados puntos. Uno se pensará que son lugares en donde la cámara cambiará o en donde accederemos a otra parte de la estancia, pero no, en más de una ocasión simplemente nos desplazaremos para nada. Amén del hecho de entrar a salas por error con más frecuencia de la que nos gustaría. Pese a estos errores de calado, el juego tiene suficiente encanto como para atrapar al jugador durante un corto periodo de tiempo, pues no es excesivamente largo y es posible finalizarlo en dos tardes.
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