¿Qué es Halo? ¿Qué significa realmente Halo? ¿Era la banda sonora de Martin O’Donnell, la esencia que transmitía únicamente Bungie o una gran historia de ciencia ficción desarrollada más en los libros que en el juego? ¿Acaso Halo no significa esa lucha contra un Élite blanco del Covenant, armado con una espada de plasma, en Legendario? ¿No es Halo esa lucha contra la IA o contra millones de jugadores en un multijugador eterno algo cercenado con algunos errores a lo largo del tiempo de vida de Halo: Reach? Lo preguntamos porque cada uno de vosotros tendrá una respuesta diferente a cada una de estas cuestiones. Bungie ya no está, el testigo lo recoge 343 Industries y ellos, como millones de fans, han dado su respuesta. ¿Sigue siendo Halo? Podemos decir que sí. ¿Es el mejor Halo? Eso ya es otro cantar…
343 Industries hace olvidar a Bungie… en parte
Hay que tenerlos muy bien puestos, contar con desarrolladores que han mamado y trabajado en los anteriores Halo, un presupuesto descomunal y las cosas bastante claras para embarcarse en un proyecto como Halo 4. La sombra de Bungie es alargada y densa, un aliento constante en la nuca de 343 Industries, un aliento que los usuarios y fans se van a encargar de revivir cuando salga al mercado. Son muchos ojos mirándote, muchas manos esperando a volver a recibir al Jefe Maestro, tras su “Si me necesitas, despiértame” del final de Halo 3.
Así pues, la primera tarea de 343 Industries es parir un Halo, con todo lo que ello significa y conlleva: un shooter que siga siendo referente en cuanto a control e inteligencia artificial en la campaña y en el multijugador, donde Bungie sentó cátedra título tras título (aunque la avalancha de mapas del modo Forge y el abuso de la habilidad de arrodillarse con protección momentánea lastrarán a la larga el de Halo: Reach). Con el presupuesto que hay detrás y con la intencionalidad de Microsoft de cara a navidades y su Xbox 360, es de cajón que Halo 4 es un producto cuidado, cuidadísimo en la gran mayoría de sus facetas. Destaca, y es principalmente la que más sorprenderá, su bestial apartado gráfico que no sólo se sitúa como techo gráfico absoluto y sobrado de la consola, sino también entre los mejores de la generación. Un envoltorio anestesiante, hipnotizador que consigue camuflar y envolver algunos detalles que lo distancian del concepto de Halo más intenso y exigente que conocíamos hasta ahora.
343 Industries hace familiar lo que es diferente. 343 Industries da pasos laterales y hacia adelante en busca de su propia personalidad, pero marcándose como fin constante que lo que importa es la personalidad de Halo. Sea con las nuevas armas, los nuevos enemigos, la nueva historia, la nueva personalidad de Cortana, la profundización en la psique del Jefe Maestro... se nota que se quieren sentar las bases de una nueva trilogía. Lo han conseguido, de calle, y si Halo fuese esa novio/a con la/el que hemos convivido siempre, notaríamos al acostarnos con ella que sí, sigue siendo lo mismo pero con algo raro: nos la han cambiado, hay algo que no cuadra y de primeras cuesta encontrar el qué y el porqué. Una sensación está ahí, una corazonada que con la reflexión y la práctica descubres: es el Halo más fácil hasta la fecha. Una frase tan sincera como demoledora.
No es la historia del Jefe Maestro, es la de Cortana
Cortana, la Inteligencia Artificial que el Jefe Maestro debía proteger en Halo: Combat Evolved, tiene ya ocho años y, en teoría, todas las IA gestadas para combatir al Covenant tienen una vida útil de siete años. Cortana se ha pasado los últimos cuatro años en los que el Jefe Maestro ha estado crionizado con ella misma, pensando, sin estar desconectada, multiplicando sus rutinas y reflexionando en absoluta soledad. Si eso ya puede destruir a un humano, imaginad lo que puede hacer en una inteligencia artificial con consciencia humana pero una capacidad de cálculo casi infinita y abismal.
Reflexionad sobre ello y ya tendréis el arco argumental de Halo 4. No os hemos desvelado nada, el apunte sobre Cortana es algo que se sabe en los primeros minutos de juego y es vital conocerlo para dibujar en qué se basa esta obra. Un nuevo enemigo renace, un nuevo mal, que yacía oculto durante años, ha revivido. Los Promethean son ahora, junto al Covenant, el enemigo a batir y os contaríamos más, pero entonces os deberíamos revelar detalles que tenéis que conocer por vosotros mismos en el juego. Simplemente el pasado Forerunner del universo Halo está ahora más vivo que nunca. Las pinceladas que aparecían en los primeros Halo, se dibujan ahora con total claridad, con un marcado guiño a todos los fans que se han leído los libros.
Porque sí, ahora es posible enterarse de la historia sin necesidad de conocer los libros. Ya sabéis que la narrativa de Halo y Halo 2 no fue precisamente el punto fuerte de Bungie – que mejoraron algo con Halo 3, se salieron en Halo 3: ODST y mantuvieron un buen nivel en Reach –. Ahora Cortana y el Jefe Maestro hablan, hablan muchísimo, de hecho casi se podría decir que sólo en Halo 4 ya hablan más que en toda la trilogía anterior junta. Cortana es el espejo de John 117, de un Jefe Maestro que ya no es el soldado perfecto, sino el único amigo de Cortana, el único que puede salvarla, el único que jamás la va a abandonar.
Hay intenciones y aunque algunos momentos carecen de la épica que parece desear 343 Industries, lo cierto es que hay un par de situaciones, sobre todo al final, de notable épica y emotividad. La inexpresividad del Jefe Maestro no es problema, ya que todo lo que pasa a nuestro alrededor es el espejo de cómo ese niño que creció con la Doctora Halsey (muy importante en esta cuarta parte) y Cortana tiene un alma, un alma por la cual nadie ha preguntado nunca y que sólo Cortana conoce a la perfección. Es por ello que Halo 4, cuyo final deja con ganas de más, se aleja del vuelo de las grandes batallas del Covenant y la Humanidad, de las intenciones religiosas del Covenant o de la voraz lucha de los Flood. Halo 4 mira hacia adentro, mira hacia sus dos protagonistas en un giro argumental que era necesario y que posee momentos de grandeza. Lástima que sólo sean momentos y no una constante… |