La guerra es uno de esos momentos en los que el ser humano, en toda su expresión y en toda su esencia animal, es capaz de hacer lo mejor y lo peor, es capaz de ofrecer su cara más humana, sensible, compañera, siendo capaz de entregar su vida por otro humano y, a su vez, es capaz de ofrecer ese lado salvaje, despiadado, sin escrúpulos, brutal y sanguinario. Con la saga Call of Duty pasa lo mismo, se da este mismo binomio. Tenemos por un lado las entregas desarrolladas por Infinty Ward, inspiradas, apasionadas, acertadas y rozando la excelencia; mientras que por otro lado tenemos las notables entregas de Treyarch, correctas, continuistas, sin grandes alardes, pero siempre un pasito por detrás de las maravillosas montañas rusas de emociones que nos proponen los chicos de Infinity Ward.
El regreso de Infinity Ward
De todas las grandes novedades que se han ido implementando con el paso de los años y de las entregas en Call of Duty, la que mejor le ha sentado a la saga ha sido la del cambio de ambientación.
El teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, es muy prolífico pero a su vez está muy manido, sin contar que es de sobra conocido por los usuarios. Además de que plantea un curioso problema, y es que al estar encorsetado por los anclajes de la Historia, no permite una gran libertad al desarrollador para que explote su fantasía y así mostrar situaciones impresionantes y a su vez “increíbles”. En cambio, este giro en la ambientación no sólo supuso un soplo de aire fresco a la saga, la cual atesoraba grandes títulos, pero a su vez empezaba a verse lastrada por ofrecer siempre las mismas misiones, los mismos lugares y situaciones similares.
Ahora nos encontramos en un conflicto ficticio, esto no quiere que sea inverosímil, ya que se apuesta por buscar el realismo en todo lo que se nos muestra en pantalla, ya que es este realismo el que atrapa al jugador, puesto que a pesar de que todo lo que se nos muestra es ficción, está presentado de tal forma que resulta sumamente creíble.
A todo esto hay que añadirle que al no estar capados, los desarrolladores, por una serie de circunstancias y datos históricos que hay que respetar con rigor, les permite ofrecer y realizar una serie de situaciones y virguerías que son el alma y la esencia de Call of Duty: Modern Warfare 2.
La historia que nos plantea Modern Warfare 2 continúa allí donde acaba su primera parte, por lo que todos los que jugasteis a su primera entrega conoceréis a muchos de los personajes que se nos presentan y muchas de las situaciones que se mentan a lo largo del juego.
En esta segunda parte controlaremos a un Marine norteamericano y a un soldado del grupo Task Force 141, una división secreta de la CIA encargada del trabajo más sucio. Ambos personajes se irán turnando, desgranando un guión lo suficientemente atractivo como para hacernos seguir jugando, viendo cuál será la siguiente pieza sacrificada en esta particular partida de ajedrez. Como podéis intuir, las misiones con el Marine americano son las más “bélicas”, sin tregua, y poco sutiles; mientas que las misiones de la división de la CIA, son siempre más pausadas, más tranquilas… aunque todo se acaba desmadrando, en ambas. Esta dualidad permite a Infinty Ward narrar la misma historia desde dos puntos de vista distintos, pudiendo ofrecernos así dos formas distintas de ver la guerra, una más salvaje, pasional, brutal; y otra más plana, lejana, efectiva.
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Los eventos narrados cuentan con la suficiente profundidad para implicar al jugador, aunque es cierto que éste no quedará atrapado por lo profundo de sus personajes, ni de sus ambiciones, sino por el cómo cuentan lo que sucede, siendo la puesta en escena el verdadero protagonista del argumento. Aún así, hay un par o tres de sorpresas durante el desarrollo de la historia que terminan por tejer un tapiz, sin duda, interesante.
Jugabilidad. Un apartado de virtudes
Call of Duty: Modern Warfare 2 es un compendio de situaciones jugables impresionantes, impactantes e “inverosímiles”. Es la suma de estos adjetivos lo que mejor define a Modern Warfare 2. La primera parte ofrecía una montaña rusa de emociones, pero es en esta segunda parte donde Infinty Ward ha conseguido subir más aún el listón, añadiendo un par de rampas y de loopings a su montaña rusa particular. Ofreciendo un espectáculo que, a día de hoy, ningún shooter en primera persona es capaz de mostrar.
Obviamente, para llegar a este nivel de impacto jugable hay que utilizar una serie de herramientas y de trucos que permitan controlar todo lo que ocurre en pantalla, puesto que a pesar de que todo lo que vemos en pantalla puede mostrar el caos y el desorden de un conflicto bélico, todo está sumamente controlado, minutado y minuciosamente pensado, sin dejar un solo cabo al azar, o suelto. Nada en Modern Warfare 2 ocurre fruto de la providencia.
El primero de estos trucos es que, a pesar de lo que se nos prometió, los escenarios siguen siendo bastante lineales y cerrados. Aunque hay que hacer honor a la verdad y decir que son más amplios en su concepción, ofreciendo al jugador, en contadas ocasiones, la posibilidad de afrontar una situación de dos formas distintas. Con esto consiguen que el usuario pase justo por donde los desarrolladores quieren, que vea lo que ellos quieren y, en menor medida, que haga lo que ellos quieren. Tu libertad está coartada y manipulada… sí, pero a su vez, es tal el despliegue de efectos, de situaciones, de adrenalina y de emoción que es difícil achacar algo negativo a estas decisiones.
Otro de estos pequeños trucos es el famoso, temido y criticado “respawning” o reaparición de los enemigos de forma continuada hasta que el jugador realice una acción necesaria para activar el resorte que acabe con el respawning. En Modern Warfare 2 hay respawning, pero en muchísima menor medida que en su primera entrega, hay contados momentos en que por la epicidad del momento, el dramatismo mostrado, requieren de este pequeño truco para hacer funcionar la secuencia, ya que si no quedaría estéril e incluso pueril.
Y finalmente nos queda hablar de la IA scriptada de los enemigos, esta inteligencia artificial en que todo está programado y perfectamente controlado para que siempre actúen de forma similar ante un patrón de movimiento o de ataque particular. Es una IA simplona y sencilla que nunca sorprenderá al jugador, pero muy efectiva en este tipo de juegos en los que lo que prima es la espectacularidad de lo narrado, el conjunto del contexto junto con la visión única e intransferible del jugador. La IA enemiga no realizará ningún alarde que nos haga pensar que se comportan como auténticos seres humanos, pero sí que llevan a cabo las tácticas necesarias y esperables en títulos de corte similar, es decir, intentan flanquearte, te lanzan granadas, cargan contra ti y demás acciones. Podemos decir que cumple con lo que se puede esperar. |