Alemania es otro mundo. Alemania y el PC es algo así como el mítico pueblo irreductible de galos de Asterix y Obelix. Allí juegos de rol, estrategia y aventuras gráficas en compatibles tienen un éxito descomunal, hasta el punto de casi compensar con las ventas alemanas muchos de sus desarrollos. Lo mismo que en España, vaya. El alemán Ulrich Kiesow creó el juego y el universo de rol tradicional de lápiz y papel The Dark Eye y, aunque ya hemos visto videojuegos basados en ese mundo como los notables Drakensang, le llega el turno ahora a Chains of Satinav: una obra de orfebrería artística con las bases jugables que caracterizan a Daedalic Entertainment, artífices de obras con tantísima personalidad como The Whispered World o Deponia.
Haciendo honor a su nombre
Cuando The Whispered World llegaba a su fin entendías que Daedalic Entertainment estaban hechos de otra pasta. Había en esa obra algo más que fans de las aventuras gráficas, había deseo y pasión por distinguirse, por dejar un legado, por ir un paso más allá. El nombre del estudio es toda una declaración de intenciones y es algo que se puede ver en su propia página web: Dédalo fue un artista, un inventor y un escritor de la mitología griega que construyó el famoso laberinto de Creta, aquel en el que estaba escondido el Minotauro y del que se escapó el héroe Teseo.
Pero más allá de la siempre interesantísima y atractiva mitología griega, lo que importa son las profesiones de Dédalo: arquitecto, artesano, artista e inventor. Es decir, programador, diseñador de puzles y escenarios, grafista 2D… algunos de los puestos necesarios hoy en día para crear un videojuego. Pero las aventuras gráficas están hechas de otra pasta, su importancia no radica en los efectos de física o los gráficos, sino en los puzles y el guión. Daedalic, no obstante, sí ha apostado por los gráficos, creando una obra visual sin parangón, es algo así como el Trine 2 de las aventuras gráficas, pues cada escenario/escena es un cuadro de magnífica belleza.
Pero no nos vayamos por las ramas que con la mitología griega y las aventuras gráficas siempre es difícil. Para poneros en contexto, The Dark Eye es un universo de rol de papel y lápiz que en Alemania ha conseguido superar en ventas al todopoderoso Dungeons & Dragons. Hay chicha y filosofía tras este oscuro mundo, suficiente para crear infinidad de videojuegos. El que hoy nos acompaña es una aventura gráfica con tintes misteriosos, supersticiones, magia y poderos secretos que marcan, más para mal que para bien, a nuestro protagonista...
Geron, el gafe
Imagina ser un niño cuya afición es cazar pájaros, como para que encima desde nacimiento hayas tenido un estigma tan descorazonador como que un oscuro mago lanzara su última profecía contra ti, antes siquiera de que nacieras. El mago pasó a mejor vida quemado en la hoguera, pero antes de perecer predijo que nacería un niño que traería el mal más absoluto de Andergast, lugar que ya tiene suficientes problemas con un enfrentamiento constante contra sus vecinos.
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Así pues pasan los años y Geron, nuestro protagonista, vive con entereza el ser el niño del Apocalipsis, o algo así. Él no se ha acobardado y tiene el fin de llegar al mismísimo rey a través de una competición en la que se han de conseguir una serie de hojas (uno de los primeros puzles-exploraciones del juego). Tras que sucedan los acontecimientos relacionados con el Rey y su competición – no los citamos para que los descubráis por vosotros mismos –, iniciaremos una travesía que nos llevará a resolver el misterio de los miles de cuervos que están atacando y aterrando a todo el reino. Durante el camino conoceremos a la misteriosa y bella Nuri, un hada del bosque que recuerda a la magnífica obra de animación “The Secret of Kells”, por aquello de un ser misterioso que desconoce absolutamente todo de los humanos.
La historia avanza con paso adulto, sin concesiones humorísticas más que algunas pinceladas de ironía o cinismo entre las conversaciones. Hay densidad y literatura en muchas réplicas de los personajes, hay personalidad en los textos que se ven en pantalla. Daedalic juega con el espectador al presentar a unos personajes que primero entran con gran fuerza por los ojos, dado su gran carisma y su calidad de dibujado, para posteriormente descolocar o sorprender al jugador con algunas frases para enmarcar. Hay detalles verdaderamente excelentes y las diez horas se pasan en un suspiro, aunque bien es cierto que el ritmo no es constante, sino sinusoidal y en más de una ocasión se reitera y entretiene en exceso con algunos acontecimientos.
Quizá somos demasiado exigentes, pero son esos pequeños acontecimientos que tienen que ver con arreglar un pedazo de madera o detalles intrascendentes que parecen estar ahí de relleno. Son pocos, y se nota, porque hay tal interés en la historia que cuando te frenan, la inercia acumulada impacta en tu mente. El final, por otra parte, deja un sabor correcto aunque no espectacular en cuanto a guion, no así en la mente del jugador que es más que probable que se sienta tremendamente satisfecho por el viaje. |